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Suena muy bien, es un análisis concreto y un mensaje claro. Sin embargo, son palabras totalmente huecas las de la canciller Alicia Bárcena cuando dice que en México “no estamos entendiendo la profundidad de lo que implica esa posibilidad del nearshoring, de la relocalización.

Con estas palabras la secretaria de Relaciones Exteriores queda muy bien en su discurso de inauguración del “Congreso de Comercio Exterior Mexicano”, pero realmente no implica ninguna autocrítica para un país en el que sólo cuenta una voz desinformada, anacrónica y autoritaria.

Vamos, nada va a cambiar, ni siquiera con esta claridad de pensamiento de una funcionaria del gobierno mexicano.

Porque sí, es un hecho, México no está de lleno en ese proceso de aprovechamiento de relocalización de muchas cadenas productivas que evidentemente buscan cercanía, nearshoring, pero que, sobre todo, buscan una relación armónica, pragmática y duradera con un socio confiable, friendshoring.

Si la manera como la canciller mexicana enfoca la oportunidad que México está perdiendo viniera desde la trinchera de la candidata presidencial del mismo régimen, daría la esperanza de que esa opción electoral sí entiende el tamaño de la posibilidad que tiene nuestro país y cómo lo puede perder.

Ahí están los datos, si México aprovechara a plenitud la relocalización industrial podría generar hasta 1.8% adicional de su Producto Interno Bruto.

Pero la precandidata presidencial oficialista insiste en mostrarse sólo como la futura cara visible de un expresidente que tras su gobierno seguiría muy activo en el dictado de las mismas políticas públicas ejercidas hasta hoy.

Y esa ruta pública mantenida hasta hoy va en sentido contrario a la promoción de las inversiones, el empleo y el crecimiento.

Desde la Presidencia se encargaron de que fuera ampliamente difundido, a principios de este mes, que la Inversión Extranjera Directa había aumentado 30% durante los primeros nueve meses del año en comparación con el mismo lapso del año anterior.

Pero de ese monto solamente 8% fueron nuevas inversiones en México. Aunque hay quien asegura que los datos de las inversiones chinas se mantienen bajo el tapete para no molestar a los socios del norte.

El Fondo Monetario Internacional señala una obviedad que pasa desapercibida para el gobierno mexicano. Cuando una empresa asentada en China busca relocalizarse en México quiere condiciones similares a las que tiene en China en materia de infraestructura, seguridad jurídica, energía y logística.

En México las gaseras anuncian suspensión del suministro, por la política energética de López Obrador; la inseguridad en las carreteras ha aumentado porque acá hay abrazos, no balazos a los delincuentes.

Si buscan transporte ferroviario, la nueva ocurrencia es distraer a las empresas especialistas en ese negocio para dejar al sueño del transporte de pasajeros.

Claramente el presidente López Obrador no entendió la profundidad de esa gran oportunidad que implica el nearshoring.

No hay ninguna duda de que la opción opositora a la presidencia recompondría las cosas el día uno. Es más, hasta el candidato comparsa que puso el amigo Dante habla de eso todo el tiempo.

Pero, la gran pregunta es si desde la candidatura oficialista entienden la dimensión del reto. Y si lo comprenden, la pregunta es si se atreverán a dar ese gran paso en sentido contrario del autócrata en el poder.