El presidente Andrés Manuel López Obrador con todo ese poder que tiene y ejerce para su proyecto deja a los ciudadanos como meros espectadores con una decisión que trastoca muchos fundamentos de la sociedad abierta y democrática que habíamos conseguido y que deberíamos perfeccionar, no echarla para atrás.

Hemos visto como, sin remedio, esta administración ha hecho de las fuerzas armadas protagonistas de tareas que no deberían estar bajo su cargo en una democracia que decidió el camino de la vida civil desde la larga Revolución Mexicana.

Sin opción a la objeción ciudadana, a veces por falta de entendimiento y a veces por falta de foros, vimos como la seguridad pública se dejó en manos del ejército, pero también el transporte de hidrocarburos, de las vacunas, el control de los puertos y las aduanas.

Frente a nosotros, las fuerzas armadas no sólo no regresaron a sus cuarteles, como alguna vez lo prometió el candidato López Obrador, sino que las hicieron la principal empresa constructora del país, con todo y el derecho de usufructuar el resultado de su trabajo como edificadores.

El siguiente paso es este: no molestarlos ni con el pétalo de algún recurso legal, solicitud de información o transparencia para que, desde la fuerza militar, se construya la Cuarta Transformación.

Como simples testigos vimos la edición vespertina del Diario Oficial de la Federación donde el presidente López Obrador quiere “agilizar los trámites” que impone la democracia para que nadie se interponga en sus obras faraónicas ni en el resto de su proyecto.

Sin embargo, hay personajes que sí pueden ser más que simples espectadores. Deben ser protagonistas de una defensa del orden institucional y de preservación de los avances de transparencia y rendición de cuentas, sin caer en partidismos.

Más allá de los legisladores de la mayoría presidencial, que probadamente están ahí para no mover ni una sola coma a lo que se dispone desde Palacio Nacional, hay un componente opositor que tiene el número suficiente de diputados y senadores para frenar cambios constitucionales que abonen a ese control absoluto que pretende la 4T.

Sólo hay que imaginar los alcances que tendría la contrarreforma energética en combinación con el decreto de manga ancha que recién publicó la Secretaría de Gobernación.

Este es el momento preciso para la dirigencia, y los diputados y senadores del Partido Revolucionario Institucional se decidan con claridad de qué lado están. Porque, en el juego de la indefinición y la acumulación de evidencias del camino que emprende México ya tenemos, por ejemplo, los dólares a 21.30 y esta depreciación ya tiene componentes de incertidumbre interna.

Otro poder que no puede quedar como testigo es el judicial. Ya arreciaron los ataques desde la trinchera morenista en el Senado, pero los ministros de la Corte deben dimensionar su papel histórico y demostrar que no le deben el puesto a nadie.

La ruta crítica de la 4T ya está muy clara y los diques de contención institucional son pocos, pero pueden ser decisivos, no para boicotear a un gobierno, sino para que éste se mantenga dentro de los cauces del país al que no podemos renunciar de instituciones, transparencia, división de poderes y de un poder civil auditable.

Derecho de réplica
Decreto

Sólo hay que imaginar los alcances que tendría la contrarreforma energética en combinación con el decreto que publicó Gobernación.

Contrapeso

Hay un componente opositor que tiene el número suficiente de diputados y senadores para frenar cambios constitucionales.

Oposición

Este es el momento para que la dirigencia, y los diputados y senadores del PRI decidan con claridad de qué lado están.