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Cuando el calendario marcaba el 26 de noviembre del 2021 como el “viernes negro” la realidad es que todo el mundo se preparaba para las compras en el día después de Acción de Gracias. Imposible saber que sería literalmente un viernes de espanto en los mercados financieros, tras la confirmación de una nueva variante con las aparentes características de Ómicron.

Los mercados no siempre son capaces de identificar a primera vista los riesgos que puede tener determinado hecho. La reacción suele ser en función del escenario más catastrófico que pueda tener para la actividad económica.

La sobrerreacción se corrige con información. Pero mientras llegan más datos que permitan dimensionar correctamente lo que implica una variante que puede ser más contagiosa y hasta resistente a las vacunas desarrolladas, lo que hay es un juego de oportunidades y de miedos.

El viernes había no más de cuatro países que habían confirmado la detección de la variante en su territorio y los mercados del mundo habían caído de manera drástica.

Ayer, que la lista de países afectados se multiplicó lo que vimos en los indicadores de los mercados financieros fue un rebote. Los que toman decisiones de compra y venta pueden seguir igual de preocupados por el SARS-CoV-2, pero el pánico del viernes negro dejó sobre la mesa buenas ofertas de compra y entonces vino ese rebote.

A nivel de la calle, más allá de que se puedan afectar algunos portafolios de pequeños inversionistas, o de que no nos guste ser testigos de una depreciación acelerada del peso frente al dólar, lo que nos debe preocupar es la respuesta gubernamental ante una nueva variante que la Organización Mundial de la Salud ya calificó como peligrosa.

Ya vimos las consecuencias de un gobierno confiado y hasta omiso en la toma de decisiones para enfrentar la primera ola de la Covid-19 y no quisiéramos ver lo mismo, aunque todo apunta a que tienen el mismo nivel de desprecio hacia esta nueva etapa de la pandemia.

Hay muchas medidas de comunicación con la sociedad que pueden ser efectivas para advertir del peligro de Ómicron sin necesidad de afectar la incipiente recuperación económica. Pero para eso se necesita pensar en el bien común y no en las encuestas de popularidad.

Ahora, hay algo positivo que pudo haber dejado el viernes negro para la economía mexicana y tiene que ver con la drástica baja que tuvieron los precios de los combustibles.

No es el escenario ideal, porque al final todo es parte de una turbulencia que tiene efectos siempre negativos. Pero la baja en los precios del petróleo se tiene que ver reflejada en los precios de los derivados de consumo y por lo tanto en la inflación.

Ya se habían despresurizado un poco los precios internacionales de los energéticos, lo que de hecho se nota en los precios controlados del gas LP que presentan bajas superiores a 7% en esta semana. Eso debe ayudar a la medición quincenal de los precios, con ello al Índice Nacional de Precios al Consumidor y si se maneja bien el mensaje puede ayudar a contener la expectativa de mayor inflación.

Por lo pronto, estamos en una zona turbulenta en los mercados y en medio de una gran interrogante de la peligrosidad de una nueva variante del SARS-CoV-2.