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México es el país donde es posible primero terminar con control de precios de la tortilla, que es el principal alimento popular, que con los precios controlados de las gasolinas.

Ciertamente este alimento derivado del maíz tardó mucho tiempo en perder ese precio obligatorio y sucedió después de que quedó claro que ese control sólo afectaba al mercado, a la calidad del producto y acababa por provocar escasez.

El precio de la tortilla se liberó desde el primero de enero de 1999 y la realidad es que impulsó la competencia, la introducción de nuevas variedades y productos, además de que se generó una estabilidad de precios en prácticamente todo lo que va de siglo.

Hubo algún episodio de incremento súbito en el precio de la tortilla, en el 2006, como producto de un incremento repentino en la demanda mundial del grano de maíz. La crisis se resolvió con el incremento de cupos de importación de maíz blanco contemplados en el acuerdo comercial de América del Norte, en esos tiempos, el TLCAN.

Mientras tanto, los precios de las gasolinas se mantuvieron con un precio controlado hasta enero del 2017 cuando Enrique Peña Nieto se atrevió a liberar los, aunque su gobierno lo hizo con tal torpeza que se le complicó una decisión que ya era difícil. El impacto político de esa medida fue determinante para el resultado electoral del año siguiente.

No en balde hay dos presidentes que han decidido utilizar cientos de miles de millones de pesos para mantener artificialmente bajos los precios de las gasolinas. Los dos han preferido destinar recursos públicos para beneficiar a los que tienen automóvil antes que dedicarlos a otros gastos sociales prioritarios.

El primero fue Felipe Calderón, quien en todo su sexenio destinó 700,000 millones de pesos para subsidiar estos combustibles y el segundo es Andrés Manuel López Obrador, quien apenas en ocho meses de este año ya subsidió por la vía de la abstinencia fiscal cerca de 300,000 millones de pesos.

Esos dos presidentes que tanto se repelen, al final se parecen. Si no, pregúntenle al Ejército.

La justificación de ambos presidentes para gastar tanto en subsidios a las gasolinas es el impacto de los combustibles en la inflación general. Tienen razón, la incidencia del costo de las gasolinas en la formación de precios puede ser importante. Pero sí que es una decisión costosa.

Y ahora el presidente López Obrador pone en la mira el precio de las tortillas.

Los precios internacionales del maíz encontraron sus niveles máximos históricos tras la invasión rusa a Ucrania de hace más de seis meses y ahora han iniciado un lento proceso de baja. Eso es lo que explica el encarecimiento de la materia prima de las tortillas.

Si se pretendiera establecer un precio máximo para este alimento, por una decisión política local, se distorsionaría un mercado que no ha sido fácil pero que ha funcionado en la libre competencia.

Se generaría un problema adicional a la coyuntura de los precios altos y sería difícil recomponer el mercado. Hay que seguir de cerca la suerte del cruce del populismo con las tortillas.

Golpe a la vitamina T

Distorsión

Si se pretendiera establecer un precio máximo para la tortilla, por una decisión política local, se distorsionaría un mercado.

Precios altos

Se generaría un problema adicional a la coyuntura de los precios altos y sería difícil recomponer el mercado.

Es culpa de la guerra

Los precios internacionales del maíz encontraron sus niveles máximos históricos tras la invasión rusa a Ucrania.