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Sí, por supuesto que las gasolinas en México son muy caras. Sobre todo, si tomamos en cuenta que la mayoría son importadas y que sus costos de producción son muy bajos.

La pregunta es, entonces, si la gasolina en México debería ser más barata. Pero esa respuesta tiene muchas aristas.

Desde el punto de vista de protección del medio ambiente, estos combustibles deberían tener muchos más sobrecostos que desincentivaran su uso.

Porque si los combustibles fósiles fueran más baratos se fomentaría más el uso del automóvil y no precisamente de autos nuevos con mucho mejores tecnologías. Si la gasolina fuera más barata no importaría el tamaño del motor y de su ineficiencia.

México ha vivido infectado del virus populista durante muchas décadas, sólo que ahora esa enfermedad supuró de manera sistémica y una de las tantas medidas del régimen actual fue la apertura indiscriminada de las fronteras a las importaciones de autos viejos, no solo de Norteamérica sino de otros continentes.

Esta política que pretende ganar votos también es contraria a una buena práctica ecológica, porque México se ha convertido en el basurero tecnológico automotriz de Estados Unidos y si las gasolinas fueran baratas sería peor el caos contaminante.

Ahora, por qué las gasolinas deberían ser más baratas en México en comparación, por ejemplo, con Europa donde son mucho más costosos estos combustibles.

Primero, porque México es un país extenso. Las distancias son grandes y las políticas públicas se enfocaron más hacia la rentabilidad de las conexiones carreteras que al probado fracaso del transporte de pasajeros por la ferrovía. Funciona como medio de transporte interurbano, pero en grandes distancias en países de renta media no es sustentable.

También, podrían ser más baratos estos combustibles si la política fiscal optara por otras fuentes de captación. Sin embargo, las avenidas de evasión del IVA y el ISR hacen de los impuestos especiales instrumentos tributarios más efectivos. Y si no fuera por el tan extendido huachicol, sería un impuesto muy difícil de evadir.

Las gasolinas en México tendrían que ser más baratas hoy porque las compramos en su mayoría a productores altamente eficientes. Por supuesto que no es una referencia a Pemex, que cada vez tiene menos capacidad de refinación, sino a los productores texanos que son capaces de producir la gasolina más barata de Norteamérica.

El problema es que un mercado que hoy debería ser abierto y en beneficio de los consumidores vive apabullado por las creencias de un solo hombre que ha apostado mucho de nuestro dinero en un proyecto inviable para revivir una empresa petrolera monopólica estatal.

Entonces compramos gasolinas baratas, que llegan con una intermediación cara, se recargan de impuestos que las encarecen y nutren un discurso abusivo que promete todo lo contrario.

Si es una carga para las finanzas personales el costo de las gasolinas, pero lo que realmente enoja es el uso mentiroso del precio de estos combustibles por parte del presidente López Obrador.

Se le ocurrió decirle a su feligresía que gracias al “rescate” de Pemex hoy las gasolinas no cuestan 35 pesos el litro. El Presidente sabe que miente y debe saber que el freno que puso al libre mercado de combustibles seguramente nos ha costado varios pesos en cada litro que compramos.