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La inflación general bajó en Estados Unidos en enero pasado y con todo y eso se abre más la rendija para que la Reserva Federal continúe con los incrementos en la tasa de interés interbancaria, básicamente porque el diablo está en los detalles.

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de Estados Unidos bajó de 6.5% anual de diciembre pasado a 6.4% el pasado mes de enero. Sin embargo, la expectativa era que esa inflación general tuviera una baja a 6.2 por ciento.

No está mal para un país que apenas hace siete meses registró un nivel anualizado del IPC de 9.1 por ciento.

Sin embargo, para un país que tiene una meta de inflación de 2% anual hay que ver que la medicina monetaria es parte de un tratamiento. Y así como un médico dirá que no hay que suspender un antibiótico si hay mejora tras las primeras tomas, así el efecto del aumento en el precio del dinero tiene que consolidarse.

Además, los datos inflacionarios de enero pasado muestran que no se han superado del todo las presiones en los rubros más importantes de la inflación.

Es verdad que la core inflation, la inflación subyacente, mantiene una tendencia a la baja y que es menor a la inflación general, pero 5.6% de este índice es todavía alto para esa economía.

Además, a pesar de la trayectoria descendente del IPC, el subíndice de alimentos se mantiene con una inflación anualizada de 10.1%, que es un nivel inaceptable.

La economía estadounidense tiene en el precio de los combustibles uno de los más sensibles y es indicador de la inflación, y durante enero la energía tuvo un incremento de 2% hasta un aumento anualizado de 7.9 por ciento.

Subieron los precios de las gasolinas y ese es un aumento muy sensible para la sociedad estadounidense y de muy alta influencia en la formación de precios.

Así que, en el detalle del aumento de la inflación hay razones suficientes para pensar que la Fed tiene todavía margen para mantener su política monetaria restrictiva. Incluso con la expectativa de tres incrementos más en lo que resta del año. Para una tasa de interés que hoy está en 4.75 por ciento.

El mercado tiene la expectativa, mayoritaria., que en la siguiente reunión del Comité de Mercado Abierto de la Fed se habrá de recetar un nuevo aumento de 25 puntos base, hasta 5% anual.

Además, uno de los temores que podrían hacer que la Fed fuera menos agresiva es que la economía estadounidense se dirigiera hacia una recesión.

Sin embargo, esos temores se han ido disipando. Y si bien podría haber algunas actividades que sí presenten números rojos en su desempeño, hay un dato que es, de hecho, competencia de la Fed, que se mantiene con gran fuerza.

La creación de empleos en Estados Unidos superó cualquier expectativa en enero pasado cuando se agregaron 517,000 nuevas plazas laborales y permitieron el descenso de la tasa de desocupación hasta 3.4 por ciento.

La Fed mantiene margen de maniobra para terminar su trabajo restrictivo en lo que resta del año y esta debe ser la directriz para otros bancos centrales del mundo.