¿A cuántas Cumbres ha ido el presidente Andrés Manuel López Obrador durante su mandato como Presidente? Exacto, a ninguna reunión mundial importante más allá de los encuentros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) donde se siente cómodo y sí tienen cabida los dictadores del continente.

Hay una evidente incomodidad personal del presidente López Obrador de estar entre iguales, de participar en foros donde diplomáticamente se le invite a dar explicaciones de algunas de las más polémicas decisiones que ha tomado su gobierno y donde no tenga control de la prensa, porque no estén invitados sus youtuberos y blogueros de confianza.

El desdén que ha hecho el presidente López Obrador a la Cumbre de las Américas que inició ayer en Los Ángeles, California, era algo totalmente predecible. Lo que sorprende es el alto costo que le imprimió para cubrir esas fobias político-sociales.

El contexto geopolítico es muy delicado para Estados Unidos y va más allá que querer la perfección en una cumbre de la cual el gobierno demócrata de Joe Biden es anfitrión.

La OTAN encabezada por Estados Unidos se va a ir a meter, a través de Finlandia y Suecia, ahí a la frontera con Rusia y si algo no quiere Washington es que tanto el gobierno de Vladimir Putin como la China de Xi Jinping quieran acercarse a Norteamérica a través del sur del continente.

México y su enorme dependencia del norte no es candidato a ser terreno de acercamiento, pero sí lo son los regímenes poco democráticos del sur. Por eso es importante que en estos momentos de tal tensión geopolítica se logre demostrar la mayor cohesión posible y López Obrador no está colaborando con ese mensaje.

De todas las razones o pretextos que pudo haber expuesto el gobierno de López Obrador para no estar hoy en la Cumbre, el boicot es la peor que pudo haber elegido.

Las fotos que vengan de Joe Biden con Jair Bolsonaro de Brasil o hasta el apretón de manos con el presidente argentino Alberto Fernández son lo de menos para un gobierno como el mexicano que le ha restado toda importancia a una relación cercana política y diplomática con sus principales socios comerciales. Lo que pesa es ver al principal socio comercial haciendo el trabajo sucio a los regímenes antidemocráticos del mundo.

Va a ser inevitable un enfriamiento en las relaciones entre México y Estados Unidos como consecuencia de este desdén de López Obrador, porque le va a propinar una derrota política al presidente Biden en medio de una crisis económica en su país y con niveles de popularidad muy bajos.

Este boicot habrá de provocar cuestionamientos, tanto de demócratas como de republicanos, cuando se pretenda dar paso a una agenda migratoria como la que quisiera ver López Obrador en el Congreso estadounidense.

Y ni hablar de que el régimen mexicano vuelva a estirar la mano al gobierno de Estados Unidos para que financien su Sembrando Vida en Centroamérica.

Y todo por ese extraño temor del presidente López Obrador de no estar entre iguales de países democráticos.

El costo del desdén

Enfriamiento

Va a ser inevitable un enfriamiento en las relaciones entre México y Estados Unidos como consecuencia de este desdén de López Obrador.

Agenda migratoria

Este boicot habrá de provocar cuestionamientos, tanto de demócratas como de republicanos, cuando se pretenda dar paso a una agenda migratoria.

Sembrando Vida

Ni hablar de que el régimen mexicano vuelva a estirar la mano al gobierno de Estados Unidos para que financien su Sembrando Vida en Centroamérica.