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Cuando se desató en México la crisis de diciembre de 1994 la gran mayoría de los ciudadanos se quedaron sorprendidos del tamaño del impacto que tuvo en la economía, porque realmente nadie atendió las señales que, hasta después de estallada la bomba financiera, todos pudimos ver.

Esa dolorosa lección de malos manejos financieros y opacidad en la información de las finanzas públicas sirvió para que los gobiernos posteriores, esos que el régimen populista actual llama como neoliberales, procuraran transparencia y la autonomía de la autoridad monetaria.

A pesar de los intentos actuales por centralizar y opacar los datos públicos, existen elementos suficientes como para encender a tiempo los focos amarillos de alerta en materia económico-financiera.

La información existe, aunque también es un hecho que se depura la divulgación de muchas “malas noticias” del régimen.

El Artículo IV del convenio constitutivo del Fondo Monetario Internacional (FMI) establece que un equipo de funcionarios visitará el país asociado para recabar información económica y financiera, para analizar junto con las autoridades locales la evolución del país y sus políticas económicas.

Como resultado de la más reciente visita de esos funcionarios del FMI, se desprendieron dos noticias: la buena y la mala.

No hay duda de que resultó muy positivo que el FMI elevara de forma tan importante su estimación de crecimiento del Producto Interno Bruto de México para este año. La influencia de este organismo hace de sus pronósticos uno de los más significativo para los mercados.

Entonces, para el FMI la economía mexicana ya no va a crecer 2.6%, como lo planteaba en su estimación anterior de julio pasado, sino un notable 3.2% gracias a la fortaleza, básicamente, del consumo, los servicios, la construcción y la producción de automóviles.

Gran noticia para un país que inició este año con expectativas de expansión por debajo de 1 por ciento.

Pero lo que también hay que tomar en cuenta es la otra parte del reporte de los expertos del FMI tras su visita a nuestro país. La advertencia es clara, este régimen está en camino de provocar una crisis fiscal que le explotará a la siguiente administración si no toma medidas extraordinarias.

Lo curioso es que la advertencia llega a tiempo, en estos momentos en que todavía no se aprueba el Paquete Económico para el 2024.

Dice el FMI que las presiones presupuestarias por la disminución de ingresos se agravan con el aumento del gasto corriente para el 2024.

Y que la medicina futura sería elevar los ingresos por la vía de aumentar los impuestos durante el siguiente gobierno.

No son pocos los medios que optaron por saltarse la advertencia y consignar sólo lo bonito del aumento en el pronóstico del PIB. Pero la advertencia es clara y es seria.

Si este régimen insiste en su gasto descomunal con fines electorales para el 2024, lo que va a provocar es una crisis fiscal al siguiente gobierno, que, si mantiene el corte populista del actual, va a desatar una crisis importante para el país.

Hay tiempo y oportunidad en el Congreso de que se desactive la bomba de tiempo del régimen de López Obrador, pero si pasa de noche la advertencia y no hay presión social para evitar esa eventual crisis, serán inevitables los problemas financieros futuros.