La torpeza con la cual se llevó a cabo el proceso de liberación de los precios de las gasolinas por parte del gobierno pasado fue tal que hay que apuntarlo como una de las razones de su derrota electoral.

No era un asunto menor dejar de manipular los precios de esos combustibles que se usaban con fines político-electorales. Claramente los gobiernos del populismo priista eran expertos en la dádiva del subsidio en los combustibles.

Pero no sólo ellos, los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón quemaron casi 7% del Producto Interno Bruto en subsidios a las gasolinas. Porque sabían de la capacidad de encender la pradera del opositor que tenían enfrente y prefirieron lo más fácil.

Cuando el gobierno de Enrique Peña Nieto se atreve a dar ese paso indispensable de liberar el mercado de las gasolinas, para no seguir desperdiciando tanto dinero público, lo hizo muy mal.

Pésimos comunicadores, lejanos a la sociedad, tenían frente a sí a una oposición destructora, experta en propaganda, que deseaba ponerle un cerillo a la sociedad para encender su causa. Y claro que las gasolinas y sus precios son altamente inflamables.

El error técnico del sexenio pasado fue permitir que en el Congreso le pusieran un candado a la liberación del precio de las gasolinas en el Paquete Económico del 2016 de tan sólo un aumento de 3%, con la expectativa de la liberación total para el 2017.

La mala suerte fue la condición del mercado petrolero mundial. Las gasolinas producidas en Texas, que son las que más se consumen en México, subieron más de 30% sus precios entre el inicio del 2016 y el arranque del 2017.

Los grupos opositores rupturistas impulsaron movilizaciones que llegaron hasta los saqueos y la violencia social. Si se ve la lista de los que azuzaron esos actos se puede comprobar que hoy todos tienen altos cargos públicos.

El mal manejo de la liberación de esos precios y el uso alevoso de la oposición tuvo un alto costo económico para el país. Empezando por la confianza de los consumidores.

En aquellos tiempos el mercado laboral crecía a niveles de pleno empleo, la economía tenía tasas de crecimiento siempre positivas superiores a 2%, la inflación era baja, el consumo aumentaba sin freno. Pero la oposición se encargó de mantener a la sociedad enojada y se autosaboteó en su bienestar económico.

Hoy estamos en el peor de los mundos, porque no sólo el erario dejó de captar el año pasado más de 100,000 millones de pesos, por los estímulos fiscales a las gasolinas, sino que los precios suben mucho más que la inflación.

La Magna, por ejemplo, que en el 2017 tuvo un incremento de escándalo de 20%, hasta 15.90 pesos por litro, ahora acumula un incremento de 17% en comparación con el arranque del 2021 y un precio de 21.30 pesos por litro.

Si hoy no hay saqueos y disturbios como los provocados al inicio del 2017 no es porque esta administración tenga más pericia para las finanzas energéticas, sino porque hoy gobiernan los maestros de la propaganda y pueden manejar muy bien estos gasolinazos.

Además, enfrente y por fortuna, no existe una oposición capaz de encabezar una reacción de enojo y violencia en la sociedad.