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Si la moneda mexicana realmente se mantuviera como un termómetro de lo que pasa dentro de nuestro país, como solía ser el siglo pasado, seguro ya habríamos visto más de una devaluación en lo que va de este sexenio.

Pero el peso mexicano ha logrado una madurez como moneda emergente que, afortunadamente, ya trascendió ese estatus de los asuntos internos.

Si la moneda mexicana se mantuviera en esa condición frágil que solía tener antes, con paridad fija, sin reservas internacionales públicas, con debilidad financiera y total opacidad, es un hecho que no aguantaría ni las mañaneras.

Ese viejo peso reaccionaba a hechos políticos tan simples como la renuncia de un secretario de gobernación. Hay que imaginar qué le pasaría a una moneda débil, como sea de antaño, cuando López Obrador usa la tribuna presidencial para pelear con Estados Unidos un día y rendir un homenaje a la dictadura cubana al día siguiente.

Gracias a los gobiernos neoliberales, como pretenden insultar los cuatroteístas, el peso mexicano se ha convertido en una moneda de referencia mundial en el terreno de las divisas emergentes, que tiene resiliencia ante los movimientos financieros más importantes del mundo y que ignora los exabruptos políticos internos hasta que éstos, claro, se convierten en medidas reales, absurdas y arbitrarias.

El peso es hoy una moneda robusta, respetada y hasta deseada a pesar del gobierno que hoy tiene México. La trascendencia que en los mercados le ven a la moneda mexicana y, en general, a la economía de este país, va más allá de la temporalidad de una administración presidencial como la que hoy padece México.

Por supuesto que una moneda así de fuerte se gana nuevos enemigos, más allá de los populismos locales, y encuentra fuertes apuestas en su contra en los mercados de futuros. Bueno, hasta esos se han quedado con las ganas de ver sucumbir la cotización del peso frente al dólar.

Tenía tiempo que no escuchábamos el mote de “súper peso” para la moneda mexicana y en estos días se lo acaban de regresar y no fue en una mañanera, donde se quieren apropiar de la fortaleza cambiaria como un triunfo personal, sino en el corazón mismo de los mercados financieros estadounidenses.

En medio del pleito que aparentemente tanto desea la 4T con Estados Unidos y Canadá, la agencia Bloomberg ve en el comercio parte de la fortaleza de la moneda mexicana, en esa trascendencia sobre modas políticas pasajeras.

Ayuda, y mucho, que una obsesión del actual Presidente sea la estabilidad fiscal, tiene mucho que ver que el Banco de México, al menos una mayoría de su Junta de Gobierno es intransigente con la inflación y pesa mucho el papel que este país puede tener en el armado de las cadenas productivas en el futuro.

China pierde fuerza comercial, por costos, lejanía y geopolítica, y ese es un lugar privilegiado que México puede ocupar.

Los atavismos ideológicos que hoy estorban, como el nacionalismo energético, se podrían superar pronto, hay que tener paciencia. Y entonces sí dejar un campo abierto a inmensas posibilidades de crecimiento, inversión, creación de empleos y bienestar, donde también el peso mexicano tenga buenos resultados.

Oportunidades

Fortaleza

El peso es hoy una moneda robusta, respetada y hasta deseada a pesar del gobierno que hoy tiene México. Ha logrado una madurez como moneda emergente.

Coyuntura

China pierde fuerza comercial, por costos, lejanía y geopolítica, y ese es un lugar privilegiado que México puede ocupar. El peso mexicano se ha convertido en una moneda de referencia.

Trascendencia

La trascendencia que en los mercados le ven a la moneda mexicana y, en general, a la economía de este país, va más allá de la temporalidad de una administración presidencial.