Los mercados financieros no están para hacerles fiestas sólo porque las olas especulativas han llevado a la paridad del peso frente al dólar a niveles inferiores a los 20 por unidad.

Si viéramos que la fortaleza de la moneda responde a un ambiente de excepcional confianza en la economía mexicana que impulsa la llegada de carretadas de dólares para inversiones directas, entonces tendríamos una razón de sobra para ponerle el mote del súper peso, o cualquier otro calificativo que guste en Palacio Nacional.

Durante el 2021 se registró la salida más alta de capitales de México en un solo año desde que se tienen registros. Fueron casi 13,000 millones de dólares los que salieron por la desconfianza en las economías emergentes y en especial en la economía mexicana.

Con todo, el peso conserva un lugar especial en los mercados financieros globales como la moneda emergente más liquida y negociable de su categoría.

Es una moneda robusta, de una de las 20 economías más grandes del mundo, de un país que conserva el grado de inversión y que tiene el respaldo de instituciones tan sólidas y autónomas como el Banco de México que el mundo sabe que no va a poner a funcionar la fábrica de billetes para cumplir los caprichos de gasto del gobierno federal.

Pero es un hecho, la calidad financiera del peso mexicano no es hoy un reflejo de la solidez económica del país. Hay dudas razonables sobre la viabilidad futura de la economía mexicana y eso no garantiza que un peso fuerte pueda mantenerse por las razones correctas de confianza en las condiciones de México.

Hay que tener claro que el peso es hoy esa mercancía atractiva de un mercado que ofrece un rendimiento muy elevado y con una tasa de inflación no tan diferente de la que tiene el emisor estrella de dinero del mundo, Estados Unidos.

En un escenario de aversión moderada al riesgo, como el actual, los activos financieros que más lo resienten son los de renta variable. Hay salida de capitales de las bolsas. Y aunque los inversionistas siempre sabrán llegar corriendo al bunker de los bonos del tesoro de Estados Unidos, de manera intermedia hay destinos que no castigan tanto el rendimiento y sí ofrecen relativa seguridad.

Estados Unidos enfrenta hoy una inflación de 8% y el rendimiento de sus bonos anda en 1 por ciento. A un lado, hay un mercado que carga un lastre político pero que tiene grado de inversión, que tiene una inflación similar, pero un rendimiento en sus papeles de deuda de 7 por ciento.

El peso mexicano es un instrumento participante de esos ejercicios especulativos en los erráticos mercados que buscan refugios donde puedan cubrirse de los riesgos y sin dejar de explorar los mayores rendimientos posibles.

Es ahí donde hay que tener cuidado de no enamorarse de la paridad peso-dólar, porque va a llegar el momento en que la ganancia financiera podría estar en buscar la depreciación de la moneda mexicana.

El peso no es un indicador de éxito político, es una moneda libre e integrada al mundo financiero. Porque si fuera realmente un termómetro de la efectividad de la 4T, quién sabe dónde andaría en estos momentos la paridad.