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Es mucho más predecible saber lo que va a ocurrir con la economía, aun en estos tiempos tan difíciles, que con la política.

En lo económico, tendremos todavía largos trimestres de altas inflaciones, serán constantes las reacciones como la del lunes pasado en los mercados a la espera de respuestas más radicales de la autoridad monetaria de Estados Unidos.

Mientras la medicina monetaria surte efecto, tendremos al menos un resto del año que combine alta volatilidad financiera, tasas de interés con una ruta alcista y altos niveles de inflación.

Lo que sigue cuando la inflación marque una tendencia a la baja será evaluar los efectos de las políticas monetarias restrictivas y su impacto en el desempeño económico.

Esta será una nueva discusión entre las autoridades políticas, fiscales y monetarias que habrán de pelear por la velocidad de neutralizar los niveles de las tasas de interés.

Aún sin poder anticipar el curso que tome el Covid-19, la invasión rusa a Ucrania o cualquier otro imponderable, una nueva recesión tampoco puede descartarse para el 2023 o el 2024.

Así, el México del 2023 será uno con la economía en muy malas condiciones, una población empobrecida, enojada y con la situación política totalmente revuelta.

Los mismos que ven lo mal que lo está haciendo la actual administración federal, deberían ser también los primeros en notar que si alguien sabe cómo manipular los ambientes preelectorales es el presidente Andrés Manuel López Obrador.

¿Qué es hoy la oposición? Nada, no existe. El régimen actual ha logrado sembrar la semilla de la discordia en las filas del PRI y la lucha que viene por la dirigencia de ese partido sólo abona a las causas presidenciales.

El golpe político que le dio el régimen al partido que puede funcionar como bisagra para los pretendidos cambios constitucionales que busca el Presidente vino de alguien tan impresentable como Layda Sansores.

Alejandro Moreno Cárdenas es ese déspota político de lengua larga, pero que demostró que no lo pudieron doblar para aprobar la contrarreforma energética y vaya que lo intentaron.

Con ese río tricolor revuelto, no está lejos el régimen de poder acomodar las piezas a su modo, como en tantas gubernaturas priistas, para conseguir lo que quieren en el Congreso.

La moratoria legislativa es una exageración que ciertamente anula el trabajo central de diputados y senadores, pero también es una medida a la altura de la emergencia que implica padecer un régimen que puede acabar con los fundamentos constitucionales de un país que tanto trabajo le ha costado lograr la condición de una nación en desarrollo.

La discusión en torno a la oposición es si el partido de Dante Delgado, viejo y fiel aliado de López Obrador, se va a sumar a la causa anti 4T. Ven, pero no ven.

Y en esa enorme ventaja que le lleva el movimiento presidencial a la oposición la única “competencia” de nombres por la presidencia es la de las corcholatas presidenciales. Piénselo bien, llamarles corcholatas es ya en sí una genialidad política y no hay más nombres que Marcelo, Adán o Claudia.

Es más, el único nombre opositor disponible también es cortesía del lopezobradorismo, el único opositor hoy se llama Ricardo Monreal.

Gobiernan mal. Pero para la grilla nadie le gana.

Con el río revuelto al interior del PRI, no está lejos el régimen de López Obrador de poder acomodar las piezas a su modo, como en el pasado en tantas gubernaturas priistas, para conseguir lo que quieren en el Congreso.