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El secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, da una entrevista si se siente en un ambiente controlado o bien a la agencia Bloomberg. De las entrevistas cómodas sale poca información noticiosa, pero de esta más reciente plática con la agencia financiera brincó un dato muy revelador.

Las finanzas públicas del país se mantienen bajo presión por el aumento de los costos de financiamiento de las obras emblemáticas del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Es una obviedad describir lo que pasa con las obras faraónicas del presidente, el aeropuerto Felipe Ángeles, costoso y abandonado; la refinería de Dos Bocas, que ha duplicado su costo y no refinará su primer litro de gasolina en al menos dos años; y el Tren Maya, caro, ecocida y sin perspectivas de éxito económico.

Tres obras de infraestructura que desde un principio apuntaban a ser un fracaso ante las necesidades de desarrollar otros proyectos más rentables para el país, que además no tienen buenas expectativas de ser rentables y que sí presionan las finanzas públicas, como lo acepta el titular de Hacienda.

Lo que dice el secretario Ramírez de la O podría costarle el trabajo ante un presidente iracundo que no acepta que nadie le lleve la contra, pero que también se plantea como un aviso a tiempo y en coincidencia con la presentación del paquete económico para el 2023 la próxima semana.

Anticipa el secretario Ramírez de la O que hay margen de maniobra fiscal para mantener el financiamiento de esos elefantes blancos sin que implique un aumento del nivel de deuda pública en proporción al Producto Interno Bruto. Pero también está claro que su enorme costo implicará que se devoren muchos recursos públicos que se recortan de otros rubros del gasto público.

Ahí está el aviso a tiempo de Hacienda de la bola de nieve que amenaza la estabilidad financiera hacia el cierre del sexenio.

Las tres obras emblemáticas de la 4T se mantienen inconclusas y requerirán muchos más recursos para intentar finalizarlas antes de que termine el plazo constitucional de López Obrador.

Porque ni siquiera el aeropuerto comercial que se instaló en la base militar de Santa Lucía está concluido. Faltan obras viales y férreas que añaden costos casi tan altos, o quizá más altos, que la construcción misma de esa central avionera.

No hay claridad de cuánto más va a costar la refinería de Tabasco y cuándo puede empezar a funcionar. Además, hay que considerar como un alto costo financiero para el país las transferencias de recursos públicos a Pemex y la CFE.

Y en el caso del Tren Maya, va a ser muy difícil que la obra completa, como la soñó López Obrador, pueda completarse dentro de su tiempo constitucional de mandato y va a resultar prácticamente imposible que resulte rentable, salvo en algunos tramos. Y todo sin considerar los costos asociados que implican los daños ecológicos de esta obra.

Si la combinación de esas enormes presiones de gasto, más una eventual recesión global, con los altos costos de financiamiento por el aumento en las tasas de interés y hasta un eventual conflicto comercial con Norteamérica complican el panorama financiero del país hacia el 2024. Así, Ramírez de la O podrá decir “se los dije”.