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La expectativa del presidente Andrés Manuel López Obrador es que sus homólogos de Estados Unidos y Canadá no pongan sobre la mesa los daños que provocaría su contrarreforma energética. Y si tratan el tema, la esperanza es que la molestia de los dos socios norteamericanos no se vuelva viral.

Es prácticamente imposible que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, no saquen a colación el tema de la contrarreforma. Puede ser que cada uno lo haga en sus reuniones bilaterales o quizá en conjunto, coordinados, en la Cumbre de Líderes de América del Norte.

Seguro que Biden y Trudeau se van a enfrentar a lo que ya adelantó el presidente López Obrador que será su respuesta. Escucharán aquello de la soberanía, la libre autodeterminación de los pueblos, el robo y los excesos de los privados, en fin.

Y es muy probable que, si alguno de los dos mandatarios del norte se empeña en hacer de este tema algo crucial para su país, esa discusión no acabe en buenos términos.

Si las reservas que eventualmente expongan Biden y Trudeau no salen del ámbito de las reuniones privadas y no las incluyen en sus discursos y declaraciones a la prensa, podría perderse el tema en el resto de los asuntos de la agenda trilateral.

Pero si estos dos norteamericanos elevan la voz en el nombre de las empresas afectadas de sus respectivos países, como un recordatorio de los acuerdos internacionales que se violarían y en una llamada de atención de los acuerdos globales para favorecer las energías limpias, entonces ubicarían la discusión fuera del terreno de los buenos y malos legisladores mexicanos, donde el Presidente ha metido la discusión en lo local.

Porque López Obrador está muy cerca de convocar a una de sus asambleas populares en la plaza pública y someter al voto de mano alzada su iniciativa eléctrica. Quiere azuzar a su feligresía para que enfrenten a los opositores ubicándolos en la posición de traidores a la patria.

Pero si la oposición a la contrarreforma se extiende al discurso de los dos socios norteamericanos, ahí se puede lograr mayor comprensión de sus daños y de paso presionaría a los legisladores priistas que hoy siguen desojando la margarita.

Claro, el presidente López Obrador se siente con la calidad moral de ahora pretender señalar a los legisladores demócratas y republicanos que no apoyaran una eventual reforma migratoria del presidente de Estados Unidos, Joe Biden. Pero la presión internacional es básica ante el tamaño de la pifia energética que se intenta en México.

Es un hecho que el tema de la contrarreforma energética de López Obrador no va a quedar fuera del interés al menos de Joe Biden, sobre todo después de que su embajador Ken Salazar expresó en Twitter las serias preocupaciones del gobierno de Estados Unidos sobre ese tema.

Hay que ver con qué regresa de Washington D.C. el presidente López Obrador, si con una reconsideración de los alcances de su contrarreforma energética o con un discurso más radicalizado que incluya, además de sus opositores locales, a los gobiernos de los dos socios del norte.