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Como para ilustrar de qué está hablando la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) cuando hace referencia a la posibilidad de una ligera recesión, como consecuencia de la aplicación de su política monetaria más restrictiva, llegan los datos de consumo.

El temor entre los banqueros centrales estadounidenses de una baja o una desaceleración del crecimiento viene de las consecuencias de la crisis bancaria, que si bien ha tenido hasta ahora su mayor punto de atención mediática con la quiebra del Silicon Valley Bank hace más de un mes, lo que piden es dar tiempo para evaluar las secuelas económico-financieras de aquellos eventos.

Pero a la par de conocer si ya terminaron los problemas de liquidez de los bancos estadounidenses, hay otro dato que apunta al éxito de la política monetaria restrictiva y ese es el del consumo privado en aquel país.

Porque el dato negativo de las ventas al consumidor de marzo en Estados Unidos de -1%, que se suma al dato revisado de febrero de -0.2%, acaba por ser un indicador de éxito de una política que busca hacer que el dinero caro se guarde en lugar de gastarlo.

Los bienes de consumo duraderos se compran básicamente a crédito en Estados Unidos y el indicador de venta de estos bienes deja ver que sí hay una respuesta sensible de los consumidores al incremento en las tasas de interés.

Los bienes de consumo inelásticos también mostraron una baja durante marzo pasado de -0.3%, pero el efecto mayor está en aquellos bienes de más valor que necesariamente se financian con dinero prestado.

Así, las ventas de autos al consumidor final se redujeron -1.6% en marzo, tras una caída de -1.3% en febrero. Los electrodomésticos y equipos electrónicos tuvieron una contracción en sus ventas al pormenor de -2.1% en marzo y hasta la venta de ropa tuvo un decremento de -1.7%, también durante el tercer mes del año.

Algunos consumidores decidieron manejar su mismo coche, usar el mismo sweater y vivir con su mismo teléfono móvil, hasta que regresen los costos más bajos de financiamiento.

Al final de cuentas, es una balanza entre el combate a la inflación y el ritmo de crecimiento. Es, de hecho, una tarea dual que tiene el banco central de Estados Unidos en la que debe decidir dónde cargar los dados en busca, siempre, de los equilibrios.

Por lo pronto, el mensaje de principios de año del propio presidente de la Fed, Jerome Powell, fue que podían tolerar una baja en el ritmo económico en su afán de controlar las altas tasas inflacionarias.

La inflación ha mostrado una disminución consistente en Estados Unidos, hasta el actual 5% anualizado de marzo pasado. Sin embargo, el aumento de la inflación subyacente no tiene cómodos a muchos de los que toman decisiones en el Comité de Mercado Abierto de la Fed.

Pero la crisis bancaria ya dejó en claro que los equilibrios no sólo van de la mano de los efectos negativos en el consumo, la producción, el empleo y el crecimiento económico. Una mala condición financiera en más bancos podría desatar una indeseable reacción en cadena.

Algunos consumidores decidieron manejar su mismo coche y vivir con su mismo teléfono móvil, hasta que regresen los costos más bajos de financiamiento.