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Hasta hace no mucho tiempo la expectativa de los mercados respecto a las resoluciones de política monetaria del Banco de México era que al menos dos subgobernadores dejaban ver claramente, desde el anonimato de las minutas de las reuniones de la Junta de Gobierno, dos posiciones totalmente divergentes respecto a cómo proceder contra la alta inflación.

Entre líneas se daba un debate muy rico, constructivo, entre las posturas expuestas, por un lado, por Jonathan Heath y, por el otro, Gerardo Esquivel.

El tiempo le dio la razón a Heath, pero no por ello los puntos de vista de Esquivel dejaban de merecer una reflexión, aunque estuvieran un tanto alejados del objetivo casi único del Banco de México de combatir la inflación.

Con el cambio a inicios de año en la composición de la Junta de Gobierno las dos decisiones de política monetaria asumidas en lo que va de este 2023 han sido por unanimidad y con no mucho debate. Lo cual está muy bien porque han sido bien recibidas por los mercados.

Sin embargo, y como ya lo hemos comentado antes, además del dato llano del nivel de la tasa de interés de referencia, el banco central necesita tener una comunicación asertiva que refuerce la credibilidad de su mensaje.

Esa es una característica que ha perdido dramáticamente el Banco de México en este régimen y bajo la gubernatura de Victoria Rodríguez Ceja.

No hubo mucha novedad en la unanimidad alcanzada por la Junta de Gobierno de decidir un incremento de un cuarto de punto en la tasa de interés referencial en la pasada reunión del 30 de marzo. Pero en las minutas de ese encuentro recién publicadas hay una muy valiosa aportación cortesía de la subgobernadora Irene Espinosa.

A reserva de revisar con calma las otras 98 minutas previamente publicadas, pero no es muy común que la voz disidente sea sobre el comunicado de la decisión de política monetaria.

La primera observación de la subgobernadora Espinosa Cantellano es que la comunicación es pilar fundamental de la política monetaria. Su objetivo, apunta, es coadyuvar a la formación de expectativas alineadas con la visión de largo plazo de la política monetaria.

Esa es una consideración estructural de la subgobernadora sobre el papel de la comunicación del banco y hace una referencia específica al comunicado más reciente del 30 de marzo pasado, lo ubica como una nota limitada, de corto plazo, que no transmite el mensaje de mantener una política monetaria restrictiva durante dos años, dice, para lograr la meta de 3 por ciento.

El remate, sin desperdicios, de esta opinión disidente sobre la divulgación que hace el banco central es que hay una necesidad impostergable de evaluar la política de comunicación del Banco de México.

Es un hecho que una comunicación asertiva por parte de una autoridad monetaria podría hasta ahorrarle varios puntos porcentuales a la tasa de referencia si el mercado conoce, entiende y cree los objetivos del banco central.

Más allá de los pánicos escénicos, la timidez o la personalidad de las autoridades del Banxico, es indispensable que regrese el protagonismo del banco central, sin miedo a lo que diga el señor de las mañaneras, con la conciencia de ser un órgano autónomo y en un momento estelar de combate a la inflación.