Elecciones 2024
Elecciones 2024

Horas antes del destape fosfo-fosfo, con cervezas y botanas, del precandidato presidencial de Movimiento Ciudadano, Jorge Álvarez, la gente más cercana a Dante Delgado, presidente de ese partido, se había encargado de difundir un mensaje: “Movimiento Ciudadano no anunciará candidato presidencial esta semana”.

Pero el poder de los influencers de Nuevo León arrebató de facto la conducción de ese partido y dieron el albazo. Tal parecería que la instrucción sí había llegado de la Ciudad de México, pero más bien desde Palacio Nacional y no de las oficinas del amigo Dante.

Eso que vimos en color naranja es la constante en la vida política nacional e internacional. Hay un desorden político que no necesariamente lleva a los mejores caminos.

Muchos electores ya no ponderan al momento de emitir su voto la capacidad o los resultados de los candidatos o los partidos, predominan los criterios emocionales o del número de views.

La viralización, el carisma, el populismo parecen pesar mucho más que cualquier lógica, preparación o resultado.

Y es evidente que, si triunfa la banalidad sobre la capacidad, la consecuencia son malos gobiernos que toman malas decisiones y que, por lo tanto, entregan malas cuentas.

El 2024 está cargado de esto, de pagar las facturas de las malas políticas gubernamentales, con el riesgo de no superar la ceguera social que haga repetir ese mismo camino. Algo que, por cierto, nada tiene que ver con la pobreza.

El ejemplo más claro se da en Estados Unidos, ese país desarrollado también tiene elecciones este año y el escenario apunta a que un personaje que tanto daño produjo a esa sociedad hoy tiene posibilidades reales de regresar al poder.

No tiene ninguna lógica que el actual presidente, el demócrata Joe Biden, quien hizo muy buen trabajo en la recuperación tras la pandemia, quien ha entregado muy buenos resultados económicos, pueda perder la presidencia ante Donald Trump, quien sobreendeudó la economía estadounidense, polarizó a sus ciudadanos y de paso intentó tomar el poder por la fuerza. Todo porque Biden es viejo, lento y aburrido.

En México hay una mayoría que no puede dimensionar el tamaño del daño a muchas estructuras del país, porque están deslumbrados con aquel que les dice que una frase como la anterior es algo neoliberal.

Los daños que provocan este tipo de regímenes no son inofensivos. Si regresa Trump a la presidencia vamos a ver afectaciones inmediatas para nuestro país en lo financiero, seguidas de medidas radicales en la frontera y en el comercio.

Y la factura de todos los daños que el régimen mexicano actual ha provocado se habrá de pagar tarde o temprano y a un precio alto.

Es mucho más desconcertante lo que ocurre en Estados Unidos, porque Donald Trump no está en el poder y es reciente el recuerdo de la pesadilla que fue su mandato y aun así hay encuestas que hoy lo ubican como el siguiente Presidente de ese país.

Porque acá, el peso del poder y su uso absoluto para la causa electoral del régimen hacen muy difícil tener un punto de comparación.

Y también, es un hecho, la pésima calidad de la oposición que tiene México hace muy poco viable que le puedan restar reflectores al poderoso y carismático gobernante.