Hay quien todavía no sale de su casa si no lee su horóscopo o quién, en su justo derecho, consulta las cartas del tarot para conocer qué le depara el destino.

Hay quien se aventura a predecir el futuro, ya sea por creer en la magia, por tener los conocimientos para interpretar las señales o bien por interés de que las cosas vayan en determinada dirección. La realidad es que en todos los casos no hay certeza en poder adivinar lo que viene.

La semana pasada los mercados escucharon dos voces de alta influencia que anticipan lo peor para el futuro económico y financiero de Estados Unidos y con ellos, del mundo entero. No son las únicas voces que anticipan algo terrible, pero éstas son dos personalidades influyentes.

Jamie Dimon es el presidente y CEO de J.P. Morgan Chase y para él lo que se ve en el panorama es un huracán de vientos muy fuertes provocados por la inflación y el incremento de las tasas de interés, en combinación con las fuertes lluvias derivadas de la invasión de Rusia a Ucrania con sus efectos de largo alcance e impredecibles para Europa.

Lo que logra Dimon con sus palabras son los titulares y que exploten las redes sociales con aquello del huracán, porque es un personaje de gran influencia. Lo que ya no trasciende es su explicación de lo que implica para la economía un Quantitative Tightening, que buscaría secar a los mercados de la actual excesiva liquidez, y cómo hay escenarios intermedios al huracán.

Otro genio de los negocios es Elon Musk quien ha hecho una fortuna donde muchos no se atrevían siquiera a mirar. Pero deja muchas dudas de sus habilidades sociales y abusa de su poder de influencia.

Los ejecutivos de Twitter tienen claro cuánto pesan sus palabras, pero el viernes los mercados tuvieron su dosis del poder de Musk.

El empresario sudafricano adelantó que despedirá a 10% del personal de su empresa de movilidad eléctrica porque tiene un “súper mal presentimiento” sobre la economía.

Tesla ha tenido su propio mal camino, provocado por ese activismo del propio Musk y por fallas en muchos de sus autos, pero Musk endosa el costo de los despidos que vienen a ese súper mal presentimiento que dice tener sobre el desempeño de la economía estadounidense.

El argumento para tanto pesimismo de estos empresarios y no pocos en los mercados es que el crecimiento se habrá de ver interrumpido hasta llegar a terrenos recesivos por las acciones de control inflacionario que emprenda la Reserva Federal (Fed).

Otros creen que sí puede ser posible mantener la economía en el terreno positivo, porque el consumo es dinámico y la creación de empleos no se ha interrumpido, lo que da margen a que la Fed acelere el incremento del costo del dinero.

Sin embargo, las influyentes voces pesimistas pueden generar una profecía autocumplida en la economía de Estados Unidos.

Si los participantes del mercado y del resto de la economía escuchan que estos notables empresarios buscan refugio del huracán porque tienen súper malos presentimientos, claro que actúan en consecuencia e influyen en los malos resultados.

¿Pensamiento mágico, pesimistas informados o simplemente con intereses para ganar en el río revuelto?

El consumo es dinámico y la creación de empleos no se ha interrumpido, lo que da margen a que la Reserva Federal acelere el incremento del costo del dinero.