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No son ganas de ser pesimistas, ni falta de ganas de echarle porras a los esfuerzos gubernamentales. Más bien es la terca realidad que se empeña en contradecir la visión positiva de los que gobiernan.

Las predicciones económicas del sector privado han cobrado fuerza básicamente porque habitualmente se oponen a la visión optimista del gobierno y porque regularmente tienen razón en sus adelantos.

Cuando las cosas van bien y los expertos ajenos al gobierno coinciden con la visión de la autoridad, esos análisis se vuelven aburridos.

Pero van dos años consecutivos en que los expertos economistas calculan bajas constantes en el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) y le atinan. Todo el 2013 y el 2014 se han puesto pesimistas y no han estado equivocados.

Una de las consultas más socorridas es la que elabora el Banco de México, al que de paso hay que reconocerle que en una actitud autónoma mantiene sin alteraciones la publicación de la encuesta con todas sus respuestas, a pesar de que muchos de sus resultados son claramente contrarios a los deseos de optimismo uniformes del gobierno federal.

No es la misma situación por ejemplo con el Inegi, que parece que ha optado por dejar de lado algunos datos que podrían resultar incómodos para ese mundo de los optimistas.

En su más reciente edición, el banco central mexicano consulta a 38 grupos privados de consultoría y análisis económico tanto nacionales como extranjeros, y el consenso es que la expectativa de crecimiento del PIB mantiene su puntual tendencia a la baja.

El promedio de los analistas ya no cree que la economía mexicana podría crecer este año 2.47% como creían hace un mes. Bastaron estos 30 días de inestabilidad financiera, económica y social para que la redujeran a 2.3 por ciento. Ni hablar de 2.7%, que todavía hoy estima el gobierno, y que bien haría en corregir ahora a mediados de noviembre que anuncie el resultado del tercer trimestre.

Hay en la encuesta publicada ayer otro dato de atención, que es la inflación esperada para este año y que ya está por arriba de 4% que se supone que tolera Banxico como máximo.

Pero no hay duda que la parte más preocupante está en las consideraciones subjetivas de lo que ven como lastres para crecer. De 100% de las respuestas posibles 73% responde a factores internos.

Porque hasta la preocupación por los precios del petróleo tan bajos tiene que ver con la alta dependencia del gasto público con los ingresos producto de la venta de hidrocarburos.

Pero las tres primeras consideraciones son contundentes: inseguridad pública, debilidad del mercado interno y la política fiscal que se aplica. Tres razones que explican más de la mitad de las anclas económicas nacionales.

Desapareció del mapa la falta de cambio estructural, pero está muy presente esto que tiene que ver con la conducción ejecutiva del país. Frenos reales que no hace falta que nos los digan 40 expertos para saber que por ahí vienen muchos de los problemas que hoy enfrentamos.