En un año electoral, ¿podrá México negociar un buen TLCAN?


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Luis Miguel GonzálezCaja Fuerte

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Si el TLCAN se acaba, no será el fin del mundo para México, dijo Luis Videgaray en octubre pasado. El canciller tiene razón, como casi siempre, pero a medias: Si el acuerdo comercial no se renueva, vendría un escenario económico muy complicado para México, tan complicado que se volvería un factor de peso en las elecciones presidenciales. Eso reduce el margen de maniobra del equipo negociador mexicano.

El grupo que encabeza el secretario Guajardo está haciendo contorsiones para salvar la negociación, pero la situación es complicada. No está claro si el éxito de los republicanos en la aprobación del plan fiscal se convertirá en un factor que haga las cosas más fáciles para mantener vivo el TLC. El gran reto es lograr un pacto que modernice el acuerdo y que sirva a los tres países, pero Trump quiere otra cosa: que gane Estados Unidos y que se frieguen los socios.

El presidente estadounidense no ha cambiado su opinión del acuerdo. Lo que va quedando claro es que sus negociadores esperan y exigen que México y Canadá sí cambien su posición. Este es el mensaje que ha emitido Robert Lighthizer. Si México y Canadá no ceden en cuestiones de fondo y simbólicas, el presidente Trump tendrá el pretexto perfecto para retirar a Estados Unidos del TLC. Esa fue una promesa de campaña y Trump se jacta de cumplir con lo que prometió, sin importar lo que opinen otros. Ahí tienen como ejemplo el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel.

Si el acuerdo no se renueva, el tipo de cambio del peso frente al dólar pegará un brinco y se irá hasta los 23, 24 o 25 pesos por dólar. Esto tendría efectos económicos y políticos en un año electoral, porque esto se definirá en el primer semestre del 2018.

¿Qué pasaría con las preferencias de los votantes? Por el momento, la competencia está muy cerrada, pero una depreciación acelerada del peso podría cambiar el guión de la película. No es muy difícil imaginar cómo esto se volvería tema en la campaña. Los opositores López Obrador y Ricardo Anaya enfatizarían la responsabilidad del partido en el gobierno por la caída del valor del peso. José Antonio Meade se esmeraría por convencer al público de que el Gobierno hizo la mejor negociación posible y, sobre todo, que tiempos económicos con turbulencias requieren un Presidente que sepa cómo manejar la economía. La tarea del abanderado del PRI sería complicada, porque partido que devalúa, se devalúa. El valor del peso es una variable que el mexicano promedio tiene muy cerca de su corazón, hígado y estómago.

¿Por qué hablo de depreciación del tipo de cambio, en caso de terminación de TLC? Este es un escenario en el que coinciden todas las proyecciones serias. El peso se depreciaría 20% o más y eso provocaría otros ajustes en cascada. Uno de los más importantes sería el alza en el precio de la gasolina o el gas. Ya vivimos una probadita este año.

Habría también una reducción en el PIB, pero esta es más difícil de pronosticar, porque la magnitud dependería de lo que haría Trump, luego de reventar el TLCAN. Si decidiera romper también con la OMC y apostar por un proteccionismo radical, habría una fuerte tormenta económica sobre México. El acceso de productos mexicanos a Estados Unidos se volvería más difícil; habría caída de inversiones y fuga de capitales. No sería el fin del Mundo, pero sí nos llevaría a la dimensión desconocida. Por eso, los negociadores mexicanos harán todo por salvar el TLC. ¿Podrán decir No a las exigencias más absurdas de Trump?

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