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Se pregunta nuestro compañero de páginas Liébano Sáenz por qué se mantiene alta la “adhesión social con el presidente López Obrador, que contrasta con el balance en torno a su gobierno” (“La reconstrucción”, 29/8/20).

Lo excepcional no es ese 59 por ciento de aprobación que le dan las encuestas. A estas mismas alturas de sus gobiernos, Felipe Calderón tenía 63 por ciento y Vicente Fox 57 por ciento. Lo notable es que López Obrador tenga esa cifra alta en medio del desastre: la pandemia, la caída económica, la caída social, la violencia, el horizonte de una crisis que el secretario de Hacienda anticipa ya como la de 1932, la mayor de la historia moderna de México.

“El consenso de todas las encuestas pareciera indicar”, dice Liébano Sáenz, “que la realidad es muy dolorosa para aceptarse y que es mejor buscar refugio en la esperanza, en el anhelo de que las cosas habrán de mejorar y pronto”.

Creo que hay ahí un punto fino de análisis de psicología social. Quizá podría completarse con la idea de que, a partir del coronavirus, el deterioro en que ya venía metido el país cobró una velocidad de vértigo, con efectos devastadores que aún no se despliegan en toda su profundidad.

Es como si los mexicanos estuvieran todavía en estado de shock, noqueados sobre sus pies, tratando de ver las placas del camión que les está pasando encima.

El estado de shock es por definición de conciencia nublada, confusión, sorpresa. Solo el tiempo le muestra al doliente el tamaño de sus heridas, la dimensión de sus pérdidas.

No sube aún a la superficie el luto colectivo de las miles de muertes del covid-19, sobre cuyo monto el gobierno sigue diciendo impúdicas mentiras. Tampoco ha mostrado toda su dureza el castigo social que viene en la panza del tsunami económico.

El mexicano que hoy lleva dos o tres meses sin empleo ni ingreso es muy distinto del que a fin de año llevará cuatro meses más sin ingresos ni empleo.

El país está en shock, quiere pensar que la cosa no es tan grave, que mejorará pronto, como dice Liébano Sáenz. Pero los hechos dicen otra cosa: la caída es seria y nada indica que habrá un pronto alivio cuando pase el shock.