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La automatización y robotización ponen en jaque a 52 por ciento de los empleos en México, dice el Instituto Global McKinsey. Son 25.5 millones de puestos de trabajo los que están en riesgo por la llamada cuarta revolución industrial.

¿Cuántos de estos empleos desaparecerán? McKinsey hizo una proyección que sirve para trazar un mapa de riesgo laboral: las actividades más vulnerables son rutinarias y se desarrollan en entornos predecibles. En México, el comercio minorista es el sector con más empleos en riesgo, 5.5 millones; le sigue la manufactura, 4.9 millones; actividades agropecuarias, 4.7 millones e industria de la construcción con 1.6 millones.

El futuro está definiéndose ahora y no está predeterminado. Son muchos factores los que definirán cómo será el mercado laboral, por ejemplo, el grado de aceptación social de la interacción con las máquinas, el desarrollo de las capacidades tecnológicas entre la población y las leyes y reglamentos laborales. En cualquier caso, se trata de un asunto que tendrá mucho que ver con asuntos económicos, una de las cuestiones más importantes es la relación entre el precio de las soluciones tecnológicas frente al de los sueldos que reciben los trabajadores.

Imposible hacer pronósticos sobre lo que ocurrirá en nuestro país porque hay muchos Méxicos. La cuarta revolución industrial avanza a pasos gigantes en las zonas industriales más vinculadas al sector exportador: Estado de México, Ciudad de México, Monterrey, Querétaro, Guanajuato y la zona fronteriza del norte. Una cifra deja claro este avance: México es el mayor comprador de equipos de automatización hechos en Estados Unidos, por encima de Canadá y Alemania. Estas compras crecieron a una tasa anual de 10.9 por ciento entre el 2009 y el 2015 y llegaron a 2,235 millones de dólares.

La robotización y automatización no pasarán fácil la aduana que implica el aparato burocrático de los gobiernos. Es una lástima porque ahí hace mucha falta. La automatización, bien empleada, reduce errores, aumenta la velocidad de los procesos e impulsa la productividad. La mayor parte de las oficinas de gobierno parecen empeñadas en preservar los empleos más improductivos. Siguen siendo impermeables al sentido común y a las soluciones tecnológicas más disruptoras. Son decenas de procedimientos o trámites que no se han automatizado para no incomodar a los sindicatos y para mantener vivo un sistema donde las propinas y los moches funcionan como lubricante y/o engrudo.

¿Cómo reaccionarán los sectores informales a la automatización y la robotización? La cuestión es clave porque más de la mitad de la población ocupada en México trabaja en el sector informal. Imagínense robots en los tianguis… Hay que tener cuidado con los estereotipos, porque una parte de la informalidad incluye usuarios muy eficaces de las tecnologías, ese es el caso de los piratas de películas.

Más de 25 millones de puestos de trabajo están en riesgo en México. Las cifras son un poco alarmantes y, en algún sentido, corresponden al peor de los escenarios posibles. El Instituto McKinsey habla de riesgo de pérdida de estos empleos, pero no implica que seguramente se perderán. No menciona, cuando se refiere a México, cuántos empleos se crearán asociados a las nuevas tecnologías: desarrolladores, encargados de mantenimiento y reparación, por ejemplo. El futuro existe y está mal repartido, pero más nos vale mirarlo de frente, porque puede arrollarnos.