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Les comparto el pasaje final de mi reflexión sobre “El momento de México”, publicado en la revista Nexos de octubre, que empezó a circular esta semana:

La corrupción pública y la ineficacia o la complicidad del Estado frente la impunidad criminal son los grandes surtidores del descontento mexicano.

Para esos agravios no tienen respuesta las reformas estructurales hechas por el gobierno. Tampoco las tiene nuestro arreglo democrático para el rechazo creciente de los ciudadanos a la democracia misma, a los partidos y a los políticos de la llamada partidocracia.

El arreglo democrático vigente tampoco alcanza para remediar la baja calidad de los gobiernos. Solo a un gobierno de muy baja calidad, incluyendo en esto la alta corrupción, se le puede escapar el más célebre y más peligroso de sus presos, como lo hizo Joaquín Guzmán Loera de un penal de máxima seguridad.

El hartazgo por la corrupción, por la violencia, por la partidocracia y por las pifias gubernamentales es lo que la opinión pública mexicana, una opinión incontrolable, dígase lo que se diga, regurgita cada día.

El enardecimiento que gobierna el momento mexicano nubla el juicio, pero también marca un rumbo. La agenda urgente de México es atacar la corrupción, la impunidad, la baja calidad de los gobiernos y el desprestigio de los partidos y de la política.

El gobierno debe plantarse frente a su sociedad a explicar y rendir cuentas de sus razones y de sus convicciones para actuar como lo hace, de sus limitaciones y sus errores tanto como de sus propósitos y de sus logros, y abandonar ese talante anestesiado que lo induce a pasar por alto o a atender tarde los escándalos de corrupción y violación de derechos humanos que salen a su paso.

Los problemas que marcan el momento mexicano no son más graves que antes, pero la mirada pública es infinitamente más exigente. Responder a la genuina pasión de honradez, eficacia y justicia que sale a borbotones de su sociedad, le devolverá al gobierno algo más preciado que la rectoría del Estado que buscaba: la confianza, la credibilidad y el respeto de sus ciudadanos.

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