Elección Intermedia 2022: ¿La última batalla por la democracia en EE.UU?

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Gregorio MerazEE.UU.

Trump insiste como sus incondicionales, en su mayor mentira: el “robo de la elección”, con lo que “justifica” su derrota

Herido en su amor propio, Donald Trump perdió el sueño.

Desde el 4 de noviembre duerme poco y, más que la comida que ingiere, se alimenta de una galopante frustración en cada nota o información sobre los éxitos de la incipiente presidencia de Joe Biden y eso le genera una desesperada obsesión por “recuperar el poder” a costa de lo que sea, presionando a sus funcionarios para que lo consiguieran aun al margen de la ley.

Esa fue la causa de la salida de William Barr, su leal procurador de justicia, que despejó las dificultades de la investigación del fiscal Robert Mueller.

Por eso es que presionó día a día a Jeffrey Rosen, sustituto de Barr y a quien también amenazó con despedir.

Por eso presionó al subprocurador Richard Donoghue, el 27 de Diciembre.

Por eso es que amenazó con imponer a Jeffrey Clark, subprocurador de la División de Asuntos Ambientales, por su disposición a hacer lo que Trump le ordenara, topándose con la amenaza de una renuncia masiva en el Departamento de Justicia y la denuncia sobre esos planes.

Por eso cometió incontables abusos de autoridad, presionó y amenazó a funcionarios estatales, en múltiples intentos de dar un golpe de Estado, para revocar el resultado de la elección que, por no favorecerlo, asegura, fue “sucia y manipulada”.

Eso ha convertido a Donald Trump en un jinete más, de los principales problemas y desafíos que enfrenta la mayor democracia del mundo, como lo son:

-El resurgimiento de la pandemia, con la cepa Delta de COVID-19, 60% más contagiosa y peligrosa que las anteriores.

-La polarización y confrontación por la mentira de una “elección robada”, rechazada en todas las instancias a las que acudió, por falta de evidencia.

-La posible paralización del gobierno, en unas semanas, por su orden a incondicionales líderes republicanos, de bloquear cada punto de la agenda del presidente Joe Biden.

El expresidente explota la fatiga de la población, a fin de promover la resistencia al eventual cierre de oficinas, escuelas y comercios, distanciamiento social, uso de mascarillas y vacunación para contener el peligroso surgimiento de la cepa Delta de coronavirus, con la única intención de golpear políticamente al presidente Biden.

Encumbrado como “líder máximo” del Partido Republicano, instruyó a líderes conservadores a reducir el plan original para construir obras de infraestructura, de 4.8 trillones a 1.4 trillones de dólares, eliminando 3.5 trillones en gasto social que había prometido el presidente, lo que generará desilusión hacia Biden. Además, ordenó bloquear el incremento en el límite de la deuda, condicionando la reducción de programas, a la autorización del presupuesto de 2022, bajo amenaza de paralizar el gobierno el próximo mes.

Trump insiste como sus incondicionales, en su mayor mentira: el “robo de la elección”, con lo que “justifica” su derrota.

La victoria de esta democracia el 3 de noviembre de 2020, contra la autocracia que Trump quiso imponer, realmente depende de que todos los votantes que eligieron al presidente Biden regresen a las urnas en noviembre de 2022, a fin de refrendar su voto e impedir que, tras la aprobación de cerca de 400 leyes estatales, para suprimir y restringir el sufragio de las minorías, los republicanos consigan lanzarlo de nuevo a la presidencia o a alguno de sus incondicionales.

Ante el avance de audiencias para investigar la responsabilidad en el asalto al Capitolio, Kevin McCarthy, líder minoritario de la Cámara Baja, trata de “cubrir” la responsabilidad criminal de Trump, incitando a la violencia y sus abusos de poder para bloquear la certificación de la victoria de Joe Biden.

Primero, rechazando la creación de una comisión bipartidista, en la Cámara Baja, con amplias facultades, para investigar y deslindar responsabilidades sobre el ataque al recinto legislativo.

Segundo, distorsionando y cambiando la narrativa del asalto de una turba de supremacistas, milicianos y fanáticos de Trump al Capitolio, que pudieron haber recibido información o algún tipo de apoyo de legisladores republicanos radicales, lo que será investigado.

El 6 de enero pasado, McCarthy exigió telefónicamente a Trump que ordenara detener el ataque, luego en el pleno de la Cámara señaló que “el presidente tenía responsabilidad en el asalto al Congreso, cuando demandó que se creara una comisión especial para investigar.

Bajo intensa presión y ataques, McCarthy fue a entrevistarse con Donald Trump en Mar-a-Lago, quien lo “convenció” al grado de que ahora, en lugar de culparlo a él, McCarthy trata de atribuir la responsabilidad del asalto a la demócrata Nancy Pelosi, líder de la Cámara Baja, diciendo que “ella era responsable de la seguridad”, lo que es falso.

Elise Stefanik, inexperta, pero incondicional de Donald Trump, a quien se nombró presidenta de la Conferencia Republicana de la Cámara Baja, en sustitución de la congresista Liz Cheney, (destituida por denunciar la responsabilidad de Trump en los actos de violencia del 6 de enero), fue más allá, diciendo que “Pelosi tiene la responsabilidad de la tragedia del 6 de enero” acusándola de “ser una líder autoritaria, quien ha roto la conexión con la Cámara del pueblo”.

En contraste con las prácticas democráticas anteriores, ahora los republicanos que aspiran a la elección o reelección, deben abrazar y apoyar sin recato alguno las mentiras de Trump y sus actos, legales o ilegales, éticos o no éticos, honestos o deshonestos, para tener posibilidades de ser elegidos.

Con sus mentiras y atacando a sus críticos dentro del Partido Republicano, Trump ha logrado recaudar 108 millones de dólares, para el financiamiento de su “lucha por la defensa del voto”, pero que -de acuerdo con el Washington Post, son usados para pagar viajes, personal y otras necesidades del expresidente.

Trump y sus asesores confían ganar las elecciones de medio término, en noviembre de 2022, en las que se renovarán los 435 integrantes de la Cámara Baja del Congreso y un tercio del Senado, como el primer paso hacia la reconquista de la presidencia, para la que Trump ha manifestado en privado, quiere volver a contender.

De acuerdo con expertos políticos, esa es una posibilidad.

Desde 1946, el partido del presidente en turno pierde en promedio 27 curules en esa elección, que se considera un referéndum a su actuación. Los republicanos esperan hacer fracasar muchas de las promesas de Biden, para que demócratas e independientes decepcionados voten en contra.

Adicionalmente, en las elecciones especiales de este año, los demócratas no han logrado todas sus expectativas y los republicanos tienen la oportunidad de rehacer mapas de distritos electorales, que podrían favorecerlos.

Alentado por esa eventualidad, Trump, cada vez más nervioso por el avance de numerosas investigaciones sobre su campaña por la presidencia en 2016, su evasión de impuestos, fraude al fisco, así como por la posibilidad de que Allen Weisselberg, ex CEO de sus empresas; Tom Barrak, ex presidente de su Comité Inaugural y otras personas detenidas, cooperen con las autoridades y proporcionen más información que pueda acelerar la posibilidad de que sea citado a testificar y eventualmente a ser enjuiciado por algunos de los múltiples delitos de los que se le acusa.

*Texto reproducido con autorización expresa del autor y que fue publicado en La Times.

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