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Hay que creerle a la presidenta de Morena, Yeidckol Polevnsky, cuando amenaza con un encuentro con el diablo si los resultados de las elecciones de este domingo no son los que ellos quieren. No tanto porque tenga pacto con Satanás para desatar un infierno poselectoral, sino por la violencia demostrada en otras ocasiones por parte de esta amalgama política.

También hay que creerle a Paco Ignacio Taibo cuando llama sapos enmascarados a los más moderados que se han pegado a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador y cuando le reclama al empresario Alfonso Romo, asignado al maquillaje del radicalismo: “¿Quién chingados le dijo a Romo que somos ‘nos’?” cuando el regiomontano intentó matizar la inocultable intención de acabar con la reforma energética.

Hay que tener la certeza de que los radicales no mienten para tranquilizar a los mercados y hay que saber que son ellos los que han acompañado a López durante todas las campañas que ha hecho desde el siglo pasado. Los moderados son maquillaje muy útil para la campaña, pero que tan pronto como consigan el poder se lo quitarán de encima.

Hay que creerles cuando dicen que desecharán la reforma energética, cuando aseguran que destruirán el avance del nuevo aeropuerto de México. Hay que saber que no mienten cuando aseguran que regresarán las prebendas a los maestros rijosos, en contra del interés de los niños.

No son suposiciones, son sus propias declaraciones, escondidas tras la máscara de la moderación de la campaña. Basta con ver la violencia con la que son tratados aquellos que no piensen igual que ellos.

En las redes sociales y hasta de manera personal espontáneos y enrolados tienen la tarea específica de enfrentar a los opositores como si fueran enemigos. Tienen métodos de represión y creen poseer la verdad y la autoridad moral para increpar e insultar a quien piense diferente.

Por eso es que tiene un valor adicional lo que hizo este grupo de 300 empresarios que tuvieron el valor de apoyar abiertamente la candidatura de José Antonio Meade, candidato presidencial de la coalición Todos por México.

Entre los 300 hay nombres muy conocidos, como Marinela Servitje, de Bimbo, o Arturo Elías Ayub, director de Alianzas Estratégicas de Telmex. En fin, una lista larga de empresarios reputados y exitosos.

El valor de expresar su respaldo a Meade tiene que ver con su convencimiento de lo que le conviene a este país. Ninguno de ellos quiere un puesto de gobierno y no tienen la obligación de explicar el porqué de su respaldo ante el sospechosismo de los detractores.

Es tan fácil como esto: las cuentas no salen y los riesgos financieros y económicos para México son mayúsculos. Entender esto no requiere de doctorados en Economía, sólo un poco de menos apasionamiento y enojo al momento de evaluar las opciones electorales.

Otros empresarios han respaldado a Ricardo Anaya y otros más se pronuncian a favor de Andrés López. Todos están en su derecho de manifestar su apoyo abierto y libre a quien prefieran sin justificarse y sin ser perseguidos en un futuro.

El punto es que cualquier persona, sea empresario o no, que exprese abiertamente su preferencia por un candidato, por las razones que considere como válidas, tenga la certeza de que no sufrirá un ajuste de cuentas ante un triunfo de los radicales. Esa libertad también se juega el domingo.

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