El shutdown del gobierno estadounidense

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Joaquín López-Dóriga OstolazaSin Fronteras

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Después de un fin de semana de discusiones intensas, el Congreso de Estados Unidos (EE.UU.) logró aprobar una resolución temporal para reactivar las operaciones del gobierno federal durante tres semanas. Sin embargo, la situación de impasse para la aprobación del presupuesto para el año fiscal corriente sigue vigente.

Desde 1981 ha habido más de una docena de ocasiones en las que la falta de acuerdos han obligado al gobierno federal a reducir sus operaciones al mínimo esencial. En la mayoría de los casos, esta situación duró solamente unas horas.

El paro más reciente ocurrió en octubre del 2013 y duró aproximadamente una semana. En esa ocasión, el partido republicano condicionó la aprobación del presupuesto y el incremento en el límite máximo de endeudamiento federal, a la derogación de la reforma de salud de Obama que estaba por entrar en vigor.

Aunque el cierre temporal del gobierno no tuvo un impacto significativo en las cifras económicas, la desconfianza provocada en los mercados ante la demora para llegar a un acuerdo para elevar la capacidad de endeudamiento provocó una caída de 5% en los principales índices accionarios de Estados Unidos.

La no aprobación del aumento en el límite máximo de endeudamiento casi obliga al gobierno de EU a enfrentar una disyuntiva terrible: implementar una masiva reducción de emergencia en el gasto federal de aproximadamente 50% o quedarse sin recursos para hacer frente a sus acreedores; es decir, una situación de default.

Aunque en esta ocasión no está en juego el límite de endeudamiento de Estados Unidos, el cierre del gobierno federal podría, en caso de repetirse y dependiendo de su duración, impactar la vigorosa recuperación económica.

A finales de 1995, durante el primer periodo de la era Clinton, se suscitó un paro parcial del gobierno federal que duró casi cuatro semanas. Se estima que el impacto de la parálisis gubernamental sobre el Producto Interno Bruto (PIB) del cuarto trimestre de 1995 fue de más de 1 punto porcentual.

En la actualidad, los estimados sobre el impacto de una semana de parálisis gubernamental en el crecimiento del PIB del primer trimestre van de 0.2 a 0.3 por ciento. Aunque estos números no son triviales, es normal que, una vez resuelta la parálisis, se recupere gran parte de la afectación en el siguiente trimestre y es por esto que los mercados no han tenido una reacción fuerte a la baja. Sin embargo, la falta de acuerdos políticos amenaza con profundizarse.

Aunque el Partido Republicano controla el poder ejecutivo y tiene mayoría en ambas cámaras legislativas, en el Senado, donde se requieren 60 de 100 votos para lograr aprobar algunas medidas, no le alcanza con su mayoría para aprobar el presupuesto.

La medida de requerir 60 votos en lugar de una simple mayoría fue promovida por el actual líder republicano en el senado, Mitch McConnell, en la época de Obama.

La polarización de la situación política se da ante la insistencia de la administración Trump de incluir en el presupuesto partidas para construir un muro y una falta de consenso entre la Casa Blanca y los legisladores republicanos sobre la petición de los demócratas de renovar el estatus migratorio de cientos de miles de ilegales que fueron traídos a Estados Unidos cuando eran niños y a quienes Obama otorgó protección mediante el Dream Act, que fue derogado por Donald Trump hace unos meses.

Aunque la discusión se ha polarizado, se antoja difícil que el cierre gubernamental se vuelva un problema real. De los pocos puntos donde la administración Trump obtiene buenas calificaciones es en la situación económica.

Un cierre gubernamental prolongado podría tener consecuencias negativas sobre la actividad económica y los mercados financieros, dejando a Trump sin qué presumir.

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