El retroceso del dólar en el 2017


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Joaquín López-Dóriga OstolazaSin Fronteras

[caption id="attachment_705072" align="aligncenter" width="760"] Foto de El Financiero[/caption]

Foto de El Financiero

Aunque no lo parezca, el 2017 fue el año de mayor debilidad en términos relativos para el dólar desde el 2009. De acuerdo con el índice que utiliza la Reserva Federal (Fed) para medir el desempeño relativo del dólar frente a una canasta de monedas de los principales socios comerciales de Estados Unidos (EU), conocido como el Trade Weighted US Dollar Index, el dólar retrocedió casi 10% durante el 2017.

El índice, que comenzó a computarse en 1998 con un nivel inicial igual a 100 (una apreciación del dólar refleja un aumento en el valor del índice, mientras que una depreciación implica una disminución en el valor del índice) pasó de 95.7, al inicio del año, a 87.5 al cierre del 2017, su nivel absoluto más bajo desde principios del 2015.

Después de un periodo de debilidad que duró más de 10 años y que concluyó a mediados del 2014, el dólar comenzó una tendencia alcista cuando la Fed comenzó a dar señales de que concluiría su programa de estímulos cuantitativos.

Aunque esta trayectoria de apreciación fue revertida durante la primera mitad del 2016, la apreciación del dólar se reanudó con el triunfo de Donald Trump en la elección primaria del Partido Republicano y se aceleró con el triunfo del candidato republicano en las elecciones presidenciales de EU en noviembre del 2016, llevando al dólar a su nivel más fuerte en términos absolutos desde el 2003.

Para el consenso de especialistas, la debilidad del dólar observada durante buena parte del 2017 era atribuible a la falta de avance en la agenda económica de la administración Trump, incluyendo la propuesta de reforma tributaria y el plan de inversión en infraestructura.

La pregunta que se hacen los especialistas es: si ante la aprobación de la reforma tributaria a finales del año pasado y la decisión de la Fed de seguir adelante con su plan de normalización de política monetaria, deberíamos observar un fortalecimiento del dólar.

Un entorno de mayores tasas de interés, así aunado a incentivos fiscales para repatriar y atraer capital en ausencia de cambios en otras variables, debería de traducirse en una apreciación del dólar. A pesar de esta situación, el dólar ha continuado con su desliz durante los primeros días de enero.

Para algunos especialistas, la continua debilidad del dólar es atribuible a la fortaleza de la recuperación económica a nivel global y principalmente en Europa, la cual podría llevar al Banco Central Europeo (BCE) a normalizar su política monetaria de manera más activa, retirando liquidez del mercado y aumentando las tasas de interés de corto plazo.

Aunque la Fed lleva ventaja en este frente y la tasa de interés de referencia de corto plazo en EU se ubica en 1.25%, mientras que las tasas de referencia en Europa son negativas, una política monetaria menos acomodaticia en Europa, aunada a la estabilidad política de la región, podrían atraer flujos que se habían mantenido alejados del euro.

Otro factor al que algunos especialistas hacen referencia, es el riesgo de inestabilidad política en Estados Unidos, que podría llevar a un cierre temporal del gobierno o a medidas proteccionistas en términos de política comercial.

En este sentido, el euro y otras monedas comienzan a verse como mejores alternativas, ya que ofrecen una situación política más certera y un rendimiento que poco a poco se puede volver más comparable al del dólar en términos de tasas de interés de corto plazo.

Sin embargo, este columnista no se atrevería a descartar una nueva apreciación del dólar frente a la canasta de monedas de sus principales socios comerciales.

Esta apreciación dependerá, en buena medida, del éxito de la reforma fiscal para atraer capitales, de la postura relativa de la Fed frente al BCE y que el establishment estadounidense resista a las tentaciones proteccionistas del presidente Trump.

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