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Sus partidarios anuncian que Elba Esther Gordillo volverá a la vida pública convertida más bien en el Conde de Montecristo que en San Francisco de Asís.

Será un error personal y una calamidad educativa. La posición actual de Gordillo es en cierto modo inmejorable. Luego de una discutible vida pública, llega a sus años altos como víctima. La injusticia cometida contra ella la mejora, como a cualquier otra víctima.

Está libre y absuelta de los crímenes que le imputaron. No es poco. Podría tomar el camino inteligente de recibir la absolución y tratar de vivir en paz.

Su absolución judicial es en muchos sentidos una reivindicación, pero al parecer no la reivindicación que ella quiere. En línea con su idea declarada de sentirse una “guerrera”, parece dispuesta a salir a la guerra, aprovechando lo que juzga un momento político propicio a su revancha.

Ese momento propicio sería la respectiva guerra que el presidente electo le ha declarado a la reforma educativa.

La guerra contra la reforma educativa es una más de las promesas de campaña y de los apresuramientos insensatos del nuevo gobierno.

No porque la reforma no admita correcciones, sino porque es una barbaridad analítica y pedagógica destruirla sin evaluarla, cancelarla por un compromiso desorbitado hecho al calor de la búsqueda de votos.

La cancelación anunciada no cancela nada, pues la reforma educativa no es un listón que cortar, sino un proceso de cambio que ha puesto al gobierno en la posibilidad de mejorar la educación, y a la opinión pública en la posibilidad de discutir los problemas pedagógicos de la nación, en vez de, nada más, los problemas del sindicato magisterial.

El regreso de Gordillo a la batalla sindical puede echar para atrás el reloj de lo ganado sin que ni el gobierno ni la educación ni el sindicato ganen nada, a menos que se juzgue una ganancia para alguien poner en guerra al sindicato magisterial.

La batalla anunciada de Gordillo, la CNTE y el SNTE está regresando ya la discusión educativa a los temas sindicales en sustitución de los educativos.

No son buenas noticias para nadie, en particular para la educación de los niños de México.