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A muchas personas en este país nos dicen populismo y en automático pensamos en Andrés Manuel López Obrador. Bueno, hasta él mismo se ubica en esa casilla y se pone el saco cuando escucha la palabra.

Y si bien no hay otra forma de definir a este personaje, también es cierto que hoy no representa una amenaza populista para nadie, porque hasta los más radicales maestros de Oaxaca lo batean.

Ya llegará el 2018 y habrá que preocuparse, entonces sí, de estas visiones iluminadas que quieren llegar al poder, pero hoy no son tema. El propio gobierno federal tiene sus pinceladas populistas en muchas áreas de trabajo.

Sin embargo, eso no significa que hoy el populismo no esté presente y sea una amenaza para México y el mundo.

Los peores ejemplos de los alcances peligrosos del populismo los vemos en Venezuela, donde la combinación del hartazgo social por la corrupción, los recursos petroleros abundantes a finales del siglo pasado y el ascenso de Hugo Chávez al poder permitieron la institución de un país conducido con políticas populistas.

Hoy con Chávez muerto, con Nicolás Maduro en el poder y con el precio del petróleo por los suelos, Venezuela está en la agonía de un país quebrado y con hiperinflación. Todo provocado por las políticas disparatadas que se implementaron en ese país.

Ejemplos conocidos de populismo están también presentes en Europa. Syriza, el partido de extrema izquierda que llegó al poder de Grecia, conquistó a los electores con promesas populistas que hoy están totalmente incumplidas.

Las arengas de no más austeridad y no más imposiciones desde el exterior sirvieron para provocar más incertidumbre en los mercados, para cerrar los bancos griegos y quebrarlos. Y para que al final acabaran por aceptar medidas más drásticas que las que les pedían.

Esa misma ola populista se posa sobre países como España, donde el costo de la corrección económica que carga el Partido Popular, que corrigió los excesos del Partido Socialista Obrero Español, da ventajas a opciones estridentes como Podemos, que es la Syriza ibérica.

Es muy difícil que desde la complicada situación de austeridad y desempleo de los españoles se le pueda dar el mérito al gobierno actual, que lo ha hecho excepcionalmente bien, eso sólo se puede ver desde afuera. Por eso el oportunismo de los grupos populistas es una amenaza real.

Pero populista también es Donald Trump, quien endulza los oídos de su clientela radical con los mensajes que quieren escuchar y que alimentan su forma de pensar. Porque realmente la gran muralla que planea este sujeto entre México y Estados Unidos sólo será posible en su imaginación.

Desde la gran recesión la economía mundial no ha encontrado la paz; cuando no es la baja en la actividad económica son las turbulencias de los mercados, pero invariablemente vamos para una década completa de dificultades mundiales.

Ése es el caldo de cultivo perfecto para el populismo y es bien sabido que esa práctica no tiene buenos resultados; y sí, por el contrario, es la puerta de entrada a opciones más radicales que optan por la fuerza para mantener los controles.