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Cómo culpar a los que eufóricos mordieron el anzuelo del final de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) e hicieron gran fiesta por el acuerdo en principio alcanzado por dos de los tres involucrados.

Con ese presidente que tiene Estados Unidos, alcanzar un punto de entendimiento con el gobierno de Donald Trump bien merecía ocho columnas y cobertura especial.

Pero en el terreno de los mercados y de aquellos que todos los días usan ese instrumento comercial para ganarse la vida, ahí sí es necesario esperar a los verdaderos resultados.

Entre los expertos espontáneos que surgieron con la cobertura de la conclusión de la negociación entre México y Estados Unidos no faltó quien dijo que la recuperación del peso frente al dólar era algo de esperarse y que no había que ser un experto para ver las gráficas cambiarias.

Bueno, pues el caprichoso peso mexicano mostró que no es tan lineal la relación entre la cotización frente al dólar y un primer resultado en la renegociación del TLCAN. Para que entiendan los ingenuos, el peso mexicano y el acuerdo trilateral de libre comercio no son uno mismo.

La cotización del peso mexicano, tan socorrido en los mercados internacionales, vive pendiente de muchos factores más allá de una llamada de alabanzas entre los presidentes de México y Estados Unidos.

Las presiones en las políticas monetarias, en especial en las tasas de interés de Estados Unidos y las futuras decisiones de la Reserva Federal. El ambiente global que tiende a la aversión al riesgo, el Brexit, Turquía, el real brasileño. En fin, you name it, como dicen en la tierra de Donald Trump.

El mercado cambiario se mueve al ritmo de sofisticados modelos técnicos que van mucho más allá de ver si sube o baja una rayita.

La relación peso-dólar venía descontando un arreglo en materia comercial, se notó una despresurización cambiaria importante tras la jornada electoral del 1 de julio pasado. Por supuesto que no tanto por el resultado como por la tersa transición que se planteó desde el primer momento. Ya tendrá tiempo el mercado de calificar la actuación de los ganadores.

Por aquellos días de apreciación acelerada del peso había también la expectativa de que se concretara la renegociación del TLCAN. Incluso se puso el plazo de agosto como el mes posible para ello.

Si la cautela ha regresado al mercado, tras un modesto y casi invisible aval del peso al resultado parcial México-Estados Unidos, es porque falta Canadá. Si el peso puede festinar más un arreglo comercial en Norteamérica, tendrá que ser después de que los tres socios estén de acuerdo.

O bien, habrá centavos extra para el peso frente al dólar cuando el Congreso estadounidense resuelva la duda de si Donald Trump tiene facultades para negociar acuerdos bilaterales en lugar de su tan odiado TLCAN.

Deben ocurrir todavía muchas cosas antes de que un nuevo TLCAN, o un nuevo acuerdo comercial bilateral, empiece a dar resultados.

Falta conocer la letra pequeña de lo negociado, falta el proceso legislativo en Estados Unidos y lo más importante en este momento: falta Canadá.

Hay que tomarlo con esa calma y no querer cargarle a las operaciones cambiarias del peso toda la responsabilidad de hacernos felices ganándole terreno al dólar.