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“No vale tanto el hombre por la verdad que posee o dice poseer, sino por el esfuerzo que le ha costado conseguirla”: F. Grompone

La detención del general Salvador Cienfuegos marca un hito en la historia del sistema político mexicano que, había tendido un manto de impunidad sobre las fuerzas armadas del país. Desde los sucesos de 1968 en la plaza de las tres culturas en Tlatelolco, el ejército ha sido señalado por actos de represión, por violentar los derechos humanos, y por el manejo poco transparente de los recursos bajo su peculio.

Sin embargo, tales señalamientos no definen el espíritu ni tampoco las características de las fuerzas armadas mexicanas que han mostrado su lealtad a toda prueba hacia los mandos civiles. Su labor de asistencia social en tiempos de desastre incluso su participación en tareas de seguridad pública ajenas a su propósito central, lo convierte en cuerpo singular reconocido por la sociedad y los actores políticos.

Salvador Cienfuegos no es el ejército, y no todos los integrantes son como el Padrino Cienfuegos. Apelando a su presunción de inocencia, su detención manda varios mensajes. Uno de ellos, es que ya no habrá tolerancia hacia la falta de transparencia y la débil rendición de cuentas entre las fuerzas armadas. Otro poderoso mensaje a la sociedad y a los elementos de las fuerzas armadas es que ya no hay espacio para la impunidad.

El arresto de Cienfuegos no fue una sorpresa para Palacio Nacional. El primer mandatario del país estaba informado de las investigaciones, y de su seguimiento, a través de una serie de reuniones de “alto nivel” entre integrantes de ambos gobiernos.

Si la captura del general se hubiera producido en México, los altos mandos castrenses podrían haber clamado una “traición” de su Jefe Supremo, lo que habría complicado la situación política para el primer mandatario. La decisión de que fuera aprehendido en los Estados Unidos surge de una “imperiosa necesidad de evitar una confrontación con los altos mandos militares”. Las investigaciones formales contra Cienfuegos datan de diciembre del 2015, cuando ya fungía como Secretario de la Defensa Nacional.

Integrantes del Ejército reconocen la presunta implicación del general en los delitos que se le imputan, sin embargo, aseguran que los grandes capos del narcotráfico en los Estados Unidos están dentro de las agencias gubernamentales de ese país. Existen vínculos “inconfesables” entre agentes de tales agencias e integrantes del crimen organizado en México. Saben y conocen de sus actividades. Los toleran y protegen hasta que les son funcionales. Genaro García Luna y el general son ejemplos de esa relación utilitaria y de conveniencia.

El actual gobierno que se ha cobijado con las acciones de las fuerzas armadas envía también un mensaje, pero también una advertencia: No más impunidad.

El Ejército ha fundamentado su lealtad en los valores que le dan sentido, la corrupción no es uno de esos valores. La permisividad de los anteriores gobiernos había permitido que la impunidad llegará a niveles de ignominia.

¿Con la detención de Cienfuegos cambiará el equilibrio de su lealtad? Esperemos que no. Las fuerzas armadas también deben someterse al respeto a los derechos humanos, a la transparencia y a la rendición de cuentas. Si este país ha de cambiar, también lo han de hacer sus fuerzas armadas.

De la libreta

  • Es un exceso pedir pena corporal para Carlos Loret por la difusión de los videos de Pío López Obrador. Dicen los que saben que quien grabó los videos fue David León como una forma de protección. Le salió el tiro por la culata. Otra vez quieren matar al mensajero.
  • En los pasillos de Palacio Nacional se asegura que “si ya fueron por un general, ahora pueden ir por un expresidente”, y se dice que a Calderón “no se le perdona, ni se le perdonará” haber robado la presidencia a López Obrador.
  • En las oficinas de la Secretaría de la Defensa Nacional sobre Periférico hay consternación, pero sobre todo “preocupación” por la detención de Cienfuegos.

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Twitter: @HectorHerreraAR