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Conforme crecen las filtraciones de lo que ha pactado Emilio Lozoya con el gobierno, a cambio de su libertad y la de su familia, crecen las expectativas de un gran caso judicial contra la corrupción del sexenio pasado.

Las primicias tienen dos caras, abren dos posibilidades: la de un juicio ejemplar, sin precedentes, y la de un uso sin precedentes de la justicia para hacer política.

Las revelaciones de Lozoya filtradas hasta ahora a la prensa bastarían para llevar a juicio nada menos que al ex presidente Peña Nieto, a su ex secretario estrella Luis Videgaray y a una parte sustantiva de senadores y diputados que votaron la reforma energética, a los que Lozoya habría sobornado, según su dicho, y de los que tendría videos probatorios.

Digo llevar a juicio, no procesar ni condenar, porque, salvo las pruebas que pueda aportar Lozoya, lo que conocemos hasta ahora, por la prensa, es que se trata de su versión de los hechos, en su condición de testigo protegido que ha negociado su libertad a cambio de sus revelaciones.

La mayor acusación de Lozoya, filtrada hasta ahora, es que Peña Nieto y Videgaray se ocuparon activamente de compensar con negocios a quienes les dieron dinero ilegal para hacer campañas.

En esa lógica de premiar a donadores habría caído el caso de la compra escandalosa de la empresa Agronitrogenados, cuyo precio y condiciones, según Lozoya, habría arreglado Videgaray.

Traer a juicio a todos los imputados por Lozoya, obligarlos a declarar y castigar con rigor sus faltas, en particular si se somete a proceso al ex presidente Peña, podría significar un salto histórico, un antes y un después en el castigo a la corrupción.Pero si el proceso no llega hasta allá, si acaba produciendo escándalos, pero no justicia, entonces estaremos también ante un salto histórico, pero de politización de la justicia.

El caso está siendo ya juzgado en la prensa con filtraciones hechas por el gobierno y declaraciones del Presidente. Está teniendo rendimientos políticos antes de que se abran las instrucciones judiciales. No es un buen síntoma de justicia a secas, pero tampoco su negación. Nos falta todo por ver del pacto del gobierno con Lozoya, obtenido, hay que recordarlo, mediante el acoso judicial a su madre y su hermana.