Minuto a Minuto

Nacional Aurelio Nuño: “Mientras no haya presupuesto y compromiso, la política educativa es retórica”
Aurelio Nuño, exsecretario de Educación Pública, analizó la crisis del sistema educativo bajo los gobiernos de Morena.
Deportes Maratón de la CDMX 2026: Ruta, horarios y cierres viales
Se espera que en el Maratón de la CDMX 2026 participen aproximadamente 30 mil corredores este domingo 30 de agosto
Nacional Atacan a fuerzas de seguridad entre límites de Zacatecas y Aguascalientes
Los hechos ocurrieron sobre la carretera que conectan Villa García, Zacatecas, con San Rafael de Ocampo, de Asientos, en Aguascalientes
Nacional DEA va por más bienes de García Luna; afirma que todavía hay fallos pendientes en EE.UU.
Terrance Cole, director de la DEA, dijo que EE.UU. tiene procesos judiciales pendientes para recuperar activos de García Luna
Deportes Raúl Jiménez marca en la goleada del Wolverhampton sobre el Stoke City
El atacante mexicano Raúl Jiménez volvió a hacerse presente en el marcador en la goleada de su equipo, el Wolverhampton

Con el título de esta columna, el historiador Rafael Rojas ha tocado una vieja incomodidad de la izquierda y el nacionalismo latinoamericano con don Carlos Marx.

A propósito de la relación entre la convulsa América Latina y el expansionismo estadunidense del siglo XIX, Marx dispersó en diarios y panfletos de la época numerosos desdenes hegelianos sobre quién representaba en esos momentos el espíritu ascendente de la historia y quién su retaguardia prescindible.

En varios artículos publicados en la prensa alemana, recuerda Rojas, en 1848 y 1849, “justo cuando daban a conocer el Manifiesto Comunista”, Marx y Engels dijeron que la “conquista de México” por Estados Unidos “constituía un progreso” para “un país ocupado hasta el presente de sí mismo, desgarrado por perpetuas guerras civiles” (https://bit.ly/2I4yql1).

No cambió mucho la perspectiva de Marx en la década siguiente, que se describe como la de su época de madurez, a partir de los Grundrisse (1857), los borradores de su obra cumbre, El Capital.

En distintas reseñas a libros sobre la historia latinoamericana, Simón Bolívar y la guerra de Estados Unidos con México, Marx celebró a Hernán Cortés, y al general Zachary Taylor y a sus soldados, subrayando la “independencia y capacidad individual” de los estadunidenses frente a la “degeneración” de los mexicanos cuyos esfuerzos bélicos describió como “caricaturas de los guerrilleros españoles”.

La perspectiva de Marx sobre México cambió en los años 1860 y 1870, dice Rafael Rojas, acompañada de una “visión más claramente crítica del colonialismo, la esclavitud y el expansionismo de Estados Unidos en América Latina y el Caribe”.

Marx condenó la intervención francesa y el imperio de Maximiliano como una “monstruosa” empresa que pisoteaba la “autonomía” y la “dignidad” de la República mexicana, cuyo gobierno liberal “había derribado la dominación eclesiástica”.

Pero el villano de su relato no era Maximiliano, sino Luis Bonaparte, y el héroe no era Juárez, sino Lincoln, que había apoyado a los liberales mexicanos, y hasta la Doctrina Monroe, porque “había malogrado los planes de la Santa Alianza” en América.

De manera que lo que Marx admiraba en Juárez era a Lincoln, y en la gesta liberal de México, a la protección lincolniana. Oh, Marx.