Minuto a Minuto

Nacional Volumen de lluvias registrado en Ciudad de México supera 11.4 millones de metros cúbicos
Dependencias capitalinas mantienen acciones coordinadas ante las afectaciones por las fuertes lluvias en la Ciudad de México
Internacional Rubio dice que el trato con Irán sigue negociándose pero “tomará días” tras nuevos ataques
Marco Rubio afirmó que el estrecho de Ormuz debe permanecer abierto "de una forma u otra" y que las negociaciones con Irán continúan
Nacional Ciudad de México prepara protocolo durante el Mundial 2026 por brote de sarampión y ébola
La Secretaría de Salud aseguró que el riesgo de contagio de ébola en México es bajo, aunque mantiene vigilancia en aeropuertos
Economía y Finanzas El sector agroalimentario mexicano ve la estacionalidad como el mayor riesgo del T-MEC
El presidente del CNA advirtió que la revisión del T-MEC afectaría a productos como el tomate, espárragos, fresas, aguacate y pepino
Internacional Trump insiste en que el uranio enriquecido de Irán debe ser entregado a EE.UU.
Estados Unidos e Irán han intensificado en los últimos días sus contactos y ultiman los detalles de un acuerdo que permitiría poner fin a la guerra

Volvemos a escuchar en muchas partes que el fracaso de nuestro futbol es como un espejo del fracaso de México. Que nuestro futbol refleja lo que es nuestro país en todos los órdenes, incluida no sé qué disposición anímica ancestral a la derrota, etcétera.

Yo la verdad creo que ojalá y esto fuera cierto y que los problemas de México fueran del tamaño de los problemas de su futbol, porque si así fuera tendríamos desde hace muchos años un país de media tabla, que no mejora ni empeora mucho, pero está de manera consistente, en todos los renglones, entre los mejores dieciséis futboles del mundo.

Y eso en todos los órdenes, con alguna tradición de mejores porteros, y algunos defensas centrales, algunos medios y algunos delanteros de clase mundial, que han brillado en las mejores ligas y los mejores equipos del planeta.

Si eso fuera verdad, si México estuviera en todos los órdenes entre los mejores dieciséis países del mundo, sería un mucho mejor país de lo que es. Y cuando digo todos los renglones, digo todos: desigualdad y pobreza, crecimiento económico, producto interno bruto, ingreso per cápita, corrupción, calidad educativa, calidad del sistema de salud, modernidad tecnológica, estado de derecho, gobernabilidad democrática, calidad de gobierno y el resto de los renglones en que compiten los países todos los días en el torneo de desarrollo y modernidad que se mide todos los años en el mundo.

No sólo no me frustraría haberme mantenido en esa media tabla de los mejores dieciséis países del mundo desde que empezaron los mundiales, sino que casi me lo propondría como una meta nacional. Como una transformación digna de ser buscada y alcanzada por primera vez.

Ahora, sí es una monserga nacional que la selección no atine a jugar más que como una selección de media tabla, aunque, como demuestran las selecciones exitosas, esto parece ser una maldición propia del aspiracionismo irredento de las aficiones nacionales de este deporte: salvo por excepción, no quedan contentas nunca de la forma como juega su equipo. Siempre pudo estar mejor.