El fin del voto útil entre el PRI y el PAN

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Leopoldo GómezTercer Grado

Las encuestas publicadas la semana pasada revelan mucho más que el lugar que ocupan los contendientes en la carrera presidencial. También permiten visualizar los posibles reacomodos de las preferencias hacia la jornada electoral, y lo que indican es que esta vez el voto útil no se comportará igual que en 2006 y 2012.

Las encuestas publicadas la semana pasada revelan mucho más que el lugar que ocupan los contendientes en la carrera presidencial. También permiten visualizar los posibles reacomodos de las preferencias hacia la jornada electoral, y lo que indican es que esta vez el voto útil no se comportará igual que en 2006 y 2012.

En aquellas elecciones el choque se dio entre posiciones ideológicas: de un lado el PRI y el PAN, promotores de la agenda “neoliberal”; y del otro, López Obrador, entonces líder del PRD, con posiciones más cercanas al “nacionalismo revolucionario”. Esta tensión definió la competencia y sirvió de brújula a los electores.

Hoy la situación es distinta. Como argumenta Jesús Silva-Herzog en su columna de Reforma de ayer, los partidos ya no son referentes ideológicos. El PAN y el PRD se fusionaron en un frente, y Morena se alió con el PES y abrió sus puertas a figuras de la derecha.

Mientras el PRI trata de encontrar la forma de mantener el poder y garantizar la continuidad, sus opositores aprovechan el hartazgo social para plantear una ruptura y colocar el tema de la corrupción en el centro del debate. El eje ideológico ha quedado relegado a un segundo plano.

Así, los datos sobre preferencias electorales de la encuesta de Reforma muestran que la segunda opción de la mayoría de los panistas ya no es el PRI, sino Morena. Pesa más en ellos el enojo que el miedo a un cambio de modelo económico. Un escenario muy distinto al de 2012.

Aunque la mayoría de los simpatizantes de Meade menciona a Anaya como segunda preferencia, al momento de los careos, con la baraja cerrada a dos opciones, es AMLO y no Anaya quien más se beneficia por la ausencia del PRI. Esto indica que el voto útil priista que en 2006 migró hacia el PAN, ahora se dividiría.

En este escenario, ni el PRI ni el PAN pueden confiarle su victoria al voto útil del otro. Para dar la batalla necesitan consolidar sus bases, convencer a indecisos y apostar a que algunos simpatizantes de Morena migren hacia ellos o hacia los independientes. Nada más y nada menos que eso.

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