Minuto a Minuto

Internacional Emilio Estefan anuncia lanzamiento de una canción para el álbum musical del Mundial 2026
Emilio Estefan lanzó 'Love Always Wins' como parte del proyecto musical global que acompaña el Mundial 2026
Ciencia y Tecnología Una de cada 15 mujeres en el mundo sufre depresión posparto en el año posterior al parto
Expertos piden reforzar la detección y atención de la depresión posparto, al considerar críticas las primeras semanas tras el nacimiento
Nacional Que no habría sorpresas
          El hecho real es que el gobierno de Trump rompió aquel acuerdo de no sorpresas, y el martes sorprendió al gobierno de Claudia Sheinbaum con esta acusación e inicio de procesos públicos que vamos a ver en que vaya a desembocar.
Nacional México y OEA abordan cooperación e integración hemisférica
Ambas partes dialogaron sobre los principales desafíos que enfrenta el multilateralismo en la región
Economía y Finanzas Economía formaliza la salida de Santiago Nieto del IMPI
Por medio de un comunicado, la dependencia informó de una serie de nombramientos en su estructura debido a la renuncia de funcionaris que participarán en proceso políticos

El presidente López Obrador ha declarado el fin de la guerra contra el crimen organizado.

Su decisión desconcierta a muchos, parece una locura, pero está muy cerca de ser la decisión más cuerda que puede tomarse. Hay que leer lo que dijo exactamente. Declaró el fin de una modalidad de la guerra contra el crimen organizado que es cazar capos, descabezar bandas.

Esto dijo: “No se ha detenido a capos porque esa no es nuestra función principal. La función principal del gobierno es garantizar la seguridad pública, ya no la estrategia de los operativos para detener capos”.

Descabezar a los cárteles es la política más ineficaz y contraproducente que se haya inventado.

De hecho, es una de las causas fundamentales de la violencia porque el cártel descabezado queda expuesto a dos lógicas fatales: la de la pugna interna por el lugar del capo caído y la de la agresión de cárteles rivales que suponen débil al descabezado.

Han caído muertos o presos todos los capos imaginables y la violencia homicida no ha hecho sino aumentar.

Visto en el tiempo, los números son así: en 1985 había un cártel y medio: el de Sinaloa, de Miguel Ángel Félix Gallardo, y el del Golfo, de Juan N. Guerra.

Veinticuatro años después, luego de practicar durante un decenio la política de descabezar a los cárteles para debilitados, hay dos cárteles que pelean a muerte por toda la República, el de Sinaloa y el de Jalisco Nueva Generación, más 280 bandas locales que asolan regiones, pueblos y ciudades.

El número de homicidios creció en este último tiempo de 8 a 25 por cada 100 mil habitantes.

Creo que el Presidente no solo acierta en renunciar a la persecución de capos como misión fundamental del gobierno, sino también en el criterio que debe regir la política contra la violencia y la inseguridad: “Lo que me importa es bajar el número de homicidios, de robos, que no haya secuestros. Eso es lo fundamental”.

Es decir, como resume bien la nota de Jannet López y Rubén Mosso en MILENIO, ayer: “Atender los delitos que afectan a los ciudadanos, más que la pelea entre las bandas del crimen organizado”.