Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

El desaire a los adultos mayores

laura garza

Laura GarzaEnfoque Manual

Ese grupo de hombres y mujeres considerados como los más vulnerables están empezando a ser vacunados en nuestro país, pero bajo un esquema contradictorio a su dinámica de cuidados

Estamos a nada de cumplir el año de habernos “encuartelado” ante la llegada de un virus que nos amenazaba la vida y la de nuestras familias por el simple hecho de salir de casa.

Hace un año actuábamos conforme nos mostraban los italianos y los españoles el efecto de parar y re hacer la vida desde el interior de nuestras casas.

Los grupos vulnerables y de mayor peligro estaban marcados claramente: los adultos mayores, aquellos que pasaban los 65 años y los niños, había que cuidarlos y dejarlos fuera de exposición lo más posible.

Aún recuerdo que con mucha tristeza dejé de ver a mis padres alrededor de un mes, hasta que una tarde enloquecidas mi hija y yo de estar en casa, nos subimos a la camioneta y manejamos hasta la casa de sus abuelos para verlos desde afuera.

Lloramos, nos sonreímos y ni siquiera nos atrevimos a bajar las ventanas, era un miedo terrible.

Quizá usted también llegó a vivir un momento similar durante estos 11 meses, la lejanía, la preocupación, el voy o no voy, el uso del cubre bocas, el verlos por la ventana o a una distancia sumamente grande en el jardín o en la cochera.

Los adultos mayores a los que más teníamos que cuidar, esa fue parte de las indicaciones más claras que recibimos del gobierno y de las respectivas autoridades de salud. Es más, conozco a amigos que no han visto a sus papás desde marzo del año pasado, exagerado o no, pero se han mantenido al margen para cuidarlos.

Casi 12 meses cuidándolos, y ellos mismos viviendo bajo el miedo de un posible contagio por el más mínimo riesgo al salir de casa, recibir a los hijos, a los nietos o el propio súper. Por ejemplo, mis abuelos de casi 90 años no han salido más que al doctor por sus propios achaques y dolencias, pero nada.

Ese grupo de hombres y mujeres considerados como los más vulnerables están empezando a ser vacunados en nuestro país, pero bajo un esquema contradictorio a su dinámica de cuidados.

Están siendo expuestos al clima de cada entidad, a ser responsables de llevar consigo algo en qué sentarse porque el tiempo de espera es desconocido y porque saben que hay que llegar temprano y asegurar la vacuna.

Saberte mayor y expuesto a que un ligero acercamiento, un estornudo o simplemente un momento de mala suerte te quite la vida en un instante, ha de ser una sensación terrible y sobre todo, estresante.

Los adultos mayores que han acudido en la Ciudad de México a los distintos puntos, los hemos visto a todos bajo el sol, sostenidos de sus familiares que los acompañan, con sus bastones o en sus sillas de ruedas.

Hablar de la sana distancia se vuelve como una sátira, uno tras otro, el hijo o la hija acompañándolos, unos de un lado y otros del otro. Los vendedores ambulantes que, viendo el sol, el tiempo que se alarga y ante sus ojos rostros cansados, no dudan de hacer de las suyas.

La estrategia de salud sigue sin dar ningún tipo de coherencia en lo que plantea. Vaya paradoja, la de exponer a los más vulnerables cuando se ha pedido cuidarlos al extremo.

La fotografía que vemos, afuera del Plantel Josefa Ortíz de Domínguez en la Colonia El Molinito, allá en la Carretera México-Toluca pone en evidencia el fastidio, el cansancio de mantenerse de pie y de esperar que la sombra no los rebase antes de que lleguen.

Son fáciles de descubrir a la vista los cubre bocas, las caretas, los teléfonos, pero sobre todo el descuido, el desinterés de las autoridades para proteger a los ciudadanos que acuden para recibir una vacuna que los aliente a tener mayor esperanza de no contagiarse tan fácilmente.

El desánimo de quienes han cumplido con las reglas más estrictas de aislamiento, limpieza y encierro y la indiferencia de las autoridades para con ellos.

La discordancia de quien no cree que esta pandemia sea para tanto, o de que el cubre bocas sirve pero no sirve.

Al día de hoy vamos en 180mil 536 decesos y continúan la incoherencia y el abandono, pilares fundamentales de la estrategia de salud en nuestro país, para los mayores, los no tan jóvenes, de los jóvenes y de los niños.

Una imagen que refleja que la vacunación no avanza.

Foto de Twitter.
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