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El escenario ideal, que sí ameritaría una gran fiesta por parte del gobierno federal, sería tener una inflación anualizada como la actual de 2.83% y aquella tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) prometida por Andrés Manuel López Obrador de 4% al cierre del año.

Pero no, lo que hay es un Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), que es la medición más amplia de los precios en México, en ese nivel de 2.83% y un crecimiento de 0% en el PIB.

Claro que es un dolor de cabeza menos para la economía mexicana el tener la inflación general controlada. Sería una pesadilla tener un escenario de estanflación, donde al nulo crecimiento, o incluso negativo, hubiera que sumarle presiones inflacionarias.

Lo que vemos en la inflación general es también el reflejo de una economía detenida. Si los consumidores no compran, imagínese lo que ocurre cuando le suben los precios. Así que esa baja en la demanda es un dique contra los incrementos en los precios de determinados productos y servicios.

Claro que son muchos factores los que influyeron para lograr este regreso inflacionario, desde niveles francamente altos, incluso arriba de 6% hace apenas dos años. Claro que tiene mucho que ver con esa restricción aplicada por el Banco de México que decidió ponerse estricto con su política monetaria y hacer del conocimiento de los agentes económicos que es intolerante con la alta inflación.

Pero no hay que confiarse y creer que es un triunfo irreversible. Porque, si por alguna razón casi milagrosa, la economía revierte su tendencia de estancamiento, los precios empezarían a sufrir presiones por demanda.

Además, la inflación general del INPC es una fotografía como esa de los mapas satelitales, dejan ver todo el panorama de los precios, pero sin muchos detalles.

Hay “acercamientos” a la inflación que permiten ver donde se mantienen retos para los precios en México.

De entrada, la inflación subyacente, esa que elimina los precios volátiles por temporalidad, se mantiene en la parte alta del nivel de tolerancia del Banco de México. Al cierre del año pasado este indicador se ubicó en 3.59% en su comparación con los 12 meses del 2018.

Y si nos acercamos más, veremos que hay componentes, como los alimentos, bebidas y tabacos, que registraron una inflación anual de 4.45 por ciento. Esto nos deja ver que hay ciertos productos donde es más difícil dejar de gastar y ahí se mantienen mayores presiones en sus precios.

Es, entonces, un buen dato ese registro inflacionario al cierre del 2019, pero mucho cuidado con querer echar las campanas al vuelo. La economía no crece y eso es un dique artificial para los precios.

La Junta de Gobierno del Banco de México, al menos una mayoría de sus integrantes, lo tiene claro y no relajará antes de tiempo la política monetaria.

Una primera llamada para el rumbo de la política monetaria será esta cuesta de enero, tras esos aumentos en algunos precios como los salarios mínimos y no pocos productos de consumo básico.