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Aunque con diferencias notables, las encuestas más recientes no dejan duda sobre aspectos claves de la contienda electoral al inicio de las campañas presidenciales.

Andrés Manuel López Obrador arranca con una cómoda y creciente ventaja. La semana pasada, El Financiero la ubicó en 18 puntos. Aún más importante, a diferencia de 2006 y 2012, cuando la brecha del puntero se acortaba, los estudios muestran hoy a un López Obrador en ascenso.

También confirman que, al margen de sus preferencias, cada vez más ciudadanos piensan que López Obrador ganará la contienda. Para dimensionar este sentido de “inevitabilidad”, basta decir que mientras casi 40% de los entrevistados por Consulta Mitofsky tiene esta percepción, solo 17% advierte un triunfo de José Antonio Meade y 12% de Ricardo Anaya.

En contraste con las dos elecciones previas, la estructura de segundas preferencias señala que ante un escenario de voto útil ni los panistas migrarían mayoritariamente al PRI ni los priistas al PAN. Para unos y otros, la segunda opción sería López Obrador.

En un escenario limitado a López Obrador y a Meade, las intenciones de voto, según Consulta, aumentan ocho puntos porcentuales para el primero y cinco para el segundo. La ausencia de Anaya en la boleta beneficiaría más a López Obrador que a Meade.

Algo similar ocurre si Meade es excluido de la encuesta. López Obrador sube cerca de ocho puntos y Anaya prácticamente se queda igual. El voto priista también tendría como segunda opción a López Obrador.

Como escribió Jorge Buendía en El Universal hace un par de semanas, la composición del respaldo de López Obrador “ya no genera el rechazo de antaño”. Sus negativos han bajado y su presencia se consolida en regiones antes hostiles. Quizá por ello ahora no funcione una campaña de miedo como la de 2006.

Así, las encuestas revelan las ventajas con las que López Obrador se coloca en la línea de salida. Cierto, aún falta mucho para la meta y todo puede pasar, pero es un hecho que, al arranque, López Obrador llega turbocargado.