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El apoyo a Nicolás Maduro, por parte del gobierno mexicano, es absurdo por razones humanitarias, geopolíticas, pero también porque pone una piedra más en el camino de la aprobación del nuevo Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Una piedra más, en un proceso que será complicado. Los demócratas han dejado claro que les interesa que haya garantías de cumplimiento en los temas laboral y de medioambiente. Enforcement es la palabra que utilizan los demócratas para explicar “lo que le falta al USMCA”. Tienen ganas de complicar a Trump y forma de hacerlo porque son mayoría en el Congreso.

Nancy Pelosi es la persona más importante en el Legislativo de Estados Unidos. Su posición frente al T-MEC ha sido ambigua: reconoce que incorpora muchas de las preocupaciones de la bancada demócrata pero también deja claro que quieren hacer algunos cambios. No habrá paso fácil por una aduana legislativa que controlan los demócratas.

Los republicanos están alineados con Trump, pero lamentan que el nuevo acuerdo quite recursos a las empresas para presentar demandas contra gobiernos extranjeros. Les preocupa también que sigan las tarifas compensatorias contra el aluminio y el acero de Canadá y México. La persistencia de esas tarifas implica sanciones de regreso, que perjudican a los estados productores de bienes agrícolas. En esos estados se vota republicano y están enojados porque las tarifas les cuestan dinero.

Donald Trump ha dejado claro que la aprobación del acuerdo comercial es importante para él, pero no es fácil deducir qué lugar ocupa el USMCA en su lista de prioridades. Es obvio que en materia comercial el tema número uno es el conflicto con China. Es evidente, también, que el presidente estadounidense tiene una agenda proteccionista donde los acuerdos comerciales están subordinados a otro tipo de consideraciones: militares, geopolíticas… filias y fobias.

Venezuela se ha convertido en un tema relevante para el presidente Trump, pero nadie sabe cuánto tiempo durará su interés por él, ni cuánto está dispuesto a poner en el asador para “resolver” la crisis venezolana. Hay sanciones comerciales y financieras, además de la amenaza de una intervención militar.

¿Está en el menú de opciones de Trump la presión a los “amigos” de Maduro? Si ese fuera el caso, México es el más vulnerable en ese club, por nuestra cercanía y dependencia respecto a Estados Unidos. Los otros países que apoyan el régimen venezolano están blindados por la distancia o por la menor interacción económica con el Tío Sam: Rusia, Irán, Turquía, China o incluso Uruguay.

La postura de México en la crisis venezolana es como el elefante en el cuarto de la aprobación del T-MEC. No se habla explícitamente de ella, pero en cualquier momento irrumpirá como tema. Esto puede ocurrir, a través de un tuit de Donald Trump o por el trabajo de algún legislador influyente, como Marco Rubio, que ahora está afanado en sancionar el tomate mexicano. En el grupo de trabajo mexicano hay conciencia de este riesgo, pero no hay un plan B. Por el momento, la estrategia es mantener los temas en bolsas separadas: una cosa es el T-MEC y otra es Venezuela.

¿Se podrán mantener los dos temas en agendas separadas? Mucho dependerá de cuánto dure la crisis venezolana y cómo evolucione el interés de Trump en ella. El elefante en el cuarto pregunta: ¿Cuánto afectará al TLC 2.0 el gesto de AMLO ante la dictadura bolivariana?