El 2018 tendrá dos caras: antes y después de las elecciones

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Luis Miguel GonzálezCaja Fuerte

El 2018 tendrá dos caras: una antes de las elecciones y otra después. Los pronósticos apuntan a una tasa de crecimiento de alrededor de 2% para el año, pero no advierten con suficiente elocuencia que se trata de un promedio: en el primer semestre, el PIB crecerá mucho más porque de enero a junio estará funcionando un motor económico relacionado con el proceso electoral. De julio en adelante ese motor se apagará. En el segundo semestre, la economía dependerá de otras cosas, en especial de los sectores que están menos relacionados con el ciclo del Gasto Público. Los ojos estarán puestos en el sector exportador... también las veladoras.

El 2018 tendrá dos caras: una antes de las elecciones y otra después. Los pronósticos apuntan a una tasa de crecimiento de alrededor de 2% para el año, pero no advierten con suficiente elocuencia que se trata de un promedio: en el primer semestre, el PIB crecerá mucho más porque de enero a junio estará funcionando un motor económico relacionado con el proceso electoral. De julio en adelante ese motor se apagará. En el segundo semestre, la economía dependerá de otras cosas, en especial de los sectores que están menos relacionados con el ciclo del Gasto Público. Los ojos estarán puestos en el sector exportador… también las veladoras.

En el primer semestre veremos fluir más el gasto y la inversión pública y eso se reflejará en indicadores como generación de empleo y actividad económica. Eso es parte del ritual de final de sexenio: se trata de romper el cochinito para mandar mensajes a los electores.  Lo veremos en todo el territorio nacional, ejecutado por los tres niveles de Gobierno y por todas las fuerzas políticas.

A partir  de julio cambiará el rostro del 2018. La economía desacelerará, la pregunta es qué tan fuerte será el frenón. Padecerán más las actividades que más dependen del gasto público. Los empresarios que “trabajan” con el Gobierno tendrán menos ventas después de las elecciones y se verán obligados a invertir más tiempo y paciencia en el cobro de sus facturas. Veremos estados y municipios que, literalmente, se quedarán sin recursos para pagar a proveedores. En teoría el Gobierno federal es otra cosa, pero el final de cada sexenio es una caja de sorpresas. Habrá dependencias que se quedarán con las arcas vacías varios meses antes de que acabe la administración. Al escribir esto no tengo una bola de cristal en mi escritorio. La memoria hace el trabajo, cada seis años pasa lo mismo.

La atonía económica postelectoral puede ser atenuada por el desempeño de actividades que funcionan al margen del ciclo político-electoral. En primer lugar de estas actividades se encuentra el sector exportador. Hasta ahora, las ventas de México al exterior no se han visto afectadas por la agresividad de Donald Trump. Entre enero y noviembre del 2017 registraron un crecimiento de 9.7%, el mayor en seis años. Las exportaciones promedian casi 34,000 millones de dólares mensuales, ¿a qué Santo debemos encomendarnos para que esto siga así? Hay alguno que se especialice en conseguir milagros en medio de negociaciones muy complicadas?

Cabos sueltos. El desempeño del Banco de México será fundamental en el 2018. No es ningún secreto que tendremos una política monetaria relativamente agresiva. Habrá alzas de tasas de interés y otras medidas para frenar la inflación y no dejar que se dispare el tipo de cambio del peso frente al dólar. Sabemos que subirán las tasas de interés en el 2018, pero estamos llenos de preguntas: ¿Podrá el Banxico frenar la inflación? ¿Qué impactó tendrán las decisiones de Banxico en el tipo de cambio? ¿Cómo afectarán estas alzas de tasas al consumo y la inversión, en última instancia, al PIB?