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El turismo extranjero que visita México también reparte billetes verdes que gasta en hoteles y líneas aéreas, principalmente.

Siempre lo he dicho: las remesas que envían los millones de mexicanos que trabajan en Estados Unidos a nuestro país son los dólares mejor repartidos de la economía.

Porque Pemex tiene una importante entrada de dólares por la venta de sus productos, pero van a dar básicamente a las arcas públicas y ya después se distribuye con los filtros que le imprimen el Ejecutivo y el Legislativo al gasto público.

Las empresas privadas exportadoras hoy tienen facturas abultadas por cobrar en el exterior por la venta de sus productos con un tipo de cambio altamente favorable, pero esos dólares son para cada una de esas estructuras empresariales.

El turismo extranjero que visita nuestro país también reparte los billetes verdes, pero más concentrado entre las grandes cadenas hoteleras, líneas aéreas, operadores turísticos y, eso sí, muchos prestadores de servicios de ese sector. Pero como las remesas, ninguna distribución más pulverizada y de mejor alcance para los más pobres.

Esos mexicanos que hoy reciben más pesos por los dólares que reciben no tienen ninguna preocupación con la paridad peso-dólar. Al contrario, tienen repentinamente más dinero en sus bolsillos.

El comportamiento errático de las remesas durante los meses pasados también tiene que ver con esa volatilidad del tipo de cambio.

Vimos durante diciembre del año pasado un impresionante aumento en las remesas de 26% en su comparación mensual, para después ver durante enero un derrumbe de 27 por ciento.

No hay un boom en diciembre y una crisis en enero, simplemente que durante el último mes del año pasado el tipo de cambio seguía subiendo de manera importante, a la par que los funcionarios financieros mexicanos juraban que era un fenómeno temporal y que pronto veríamos otra vez los dólares a 13 pesos por uno.

Entonces, los mexicanos de allá se esforzaron por enviar la mayor cantidad posible de dólares para aprovechar esa única oportunidad antes de que se cumpliera el pronóstico de los sesudos funcionarios públicos.

Evidentemente, no sucedió así. El dólar ha seguido subiendo, pero los migrantes ya habían mandado más de la cuenta y tuvieron que ajustar sus cuentas durante el primer mes del año.

Como sea, la menor cantidad de dólares enviados en enero pasado representó más pesos. Y los envíos de febrero pasado, seguramente más regularizados, habrán de implicar más recursos en la moneda local.

De hecho, las tiendas de autoservicio y departamentales mostraron el mes pasado un incremento de más de 5% en sus ventas a tiendas iguales, en buena medida por ese disponible adicional de los mexicanos que reciben dólares desde Estados Unidos, además de un mayor dinamismo y confianza de todos los consumidores.

La rápida depreciación del peso frente al dólar, el impacto previsible que puede tener en la inflación, la presión sobre el costo del dinero y demás calamidades son angustiantes para los que estamos más al tanto de la situación de los mercados, pero para los mexicanos que hoy reciben más dinero por sus actividades o remesas no hay queja por la fortaleza de la moneda estadounidense.