El jueves de la semana pasada se publicaron las cifras preliminares del crecimiento del PIB en Estados Unidos (EU) para el tercer trimestre de este año, revelando un crecimiento trimestral anualizado de 2.6%, con respecto al segundo trimestre de este año.

La cifra positiva superó la expectativa de mercado que el consenso ubicaba en 2.3% y rompió la racha de dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo.

Aunque a primera instancia el crecimiento fue mejor a lo esperado, un análisis más detallado del desempeño de los principales componentes del PIB arroja conclusiones diferentes.

La cifra, que todavía está sujeta a revisiones, fue impulsada casi en su totalidad por un incremento en las exportaciones netas y en menor medida por un incremento en el gasto gubernamental.

El incremento en las exportaciones netas se explica por un aumento trimestral anualizado de 14.4% en las exportaciones totales y una disminución de 6.9% en las importaciones. El crecimiento en las exportaciones es destacable, ya que además se da en medio de un entorno de gran fortaleza para el dólar.

Sin embargo, el fuerte decremento en las importaciones es una mala noticia ya que denota una creciente debilidad de la demanda agregada.

Esta debilidad se hace más evidente al revisar la cifra de inversión privada que se contrajo 8.5 por ciento. Esta fuerte contracción en la inversión privada tuvo su epicentro en un desplome de 26.4% en la inversión residencial.

Vale la pena recordar que la inversión residencial registra seis trimestres consecutivos de contracción y que las caídas han venido acelerándose considerablemente en los últimos dos trimestres.

El sector de vivienda residencial es uno de los más sensibles a las tasas de interés y una hipoteca a 30 años en la actualidad tiene una tasa por arriba de 7% cuando hace menos de un año la misma hipoteca costaba menos de 3 por ciento.

La debilidad de la demanda agregada también es evidente en la continua desaceleración en el consumo privado que creció 1.4% después de haber crecido 2.0% en el segundo trimestre.

Aunque el crecimiento en el consumo es todavía aceptable, el consumo de bienes duraderos y no duraderos cayó 0.8% y 1.4%, respectivamente. Estas caídas fueron contrarrestadas por un crecimiento de 2.8% en el segmento de servicios.

Por su parte, el gasto de gobierno presentó un crecimiento de 2.4% y la acumulación de inventarios tuvo una contribución negativa de 0.7 por ciento. A pesar de que la cifra de crecimiento del PIB superó las expectativas y rompió la racha de dos trimestres consecutivos de contracción, la debilidad en el desempeño del consumo y la inversión privada plantean un panorama complicado para el cierre del año.

Aunque el desempeño actual del PIB en EU no es consistente con un escenario de recesión, el debate ya no es si la economía entrará, sino cuando.

El consenso es que Estados Unidos entrará en recesión en los próximos 12 meses. No obstante, dicho consenso también anticipa que la recesión podría ser corta y poco profunda.

Hace unos días, el Chairman y CEO de J.P. Morgan, Jamie Dimon, mencionó que una recesión no le quita el sueño y que su mente está más preocupada por las crecientes tensiones geopolíticas, incluyendo las posibles ramificaciones de una escalada en el conflicto en Ucrania, y el riesgo de una mayor deterioro en las relaciones entre China y Estados Unidos.

Esta semana está cargada de datos económicos muy importantes.

En EU la Fed dará a conocer su penúltima decisión de política monetaria del año (el mercado espera una nueva alza de tres cuartos de punto), mientras que el Departamento del Trabajo publicará las cifras de empleo de octubre.

En México el Inegi publicó la estimación oportuna del PIB para el tercer trimestre con una aceleración en el crecimiento que analizaremos próximamente.