Elecciones 2024
Elecciones 2024

Como las lectoras y los lectores saben a estas alturas de la semana, el pasado domingo se llevó a cabo en la Ciudad de México y en distintas ciudades del país, la llamada “Marcha por la Democracia” con la participación de ciudadanas y ciudadanos y organizaciones civiles que exigieron respeto a la democracia y a las instituciones que la propician; así mismo demandaron que el gobierno federal no intervenga en las elecciones del próximo 2 de junio.

Si bien, las marchas y concentraciones, supuestamente, fueron organizadas espontáneamente por la franja opositora de la sociedad, los partidos políticos antagónicos al actual gobierno, PRI-PAN-PRD, no se abstuvieron de participar, como tales, en la organización del evento en algunas ciudades del país. Por lo que respecta a la capital de la república, los jerarcas de Acción Nacional y de la Revolución Democrática, Marko Cortés y Jesús Zambrano, respectivamente, así como políticas y políticos de oposición asistieron únicamente en calidad de ciudadanos.

Todo transcurrió en paz, demostrándose con eso, como dijo el presidente López Obrador, “que vivimos en un país libre. En una dictadura no se podría ni hacer movilizaciones ni tampoco insultar (sic) al presidente. Me consta. Es distinto, ya no hay represión ni censura”. Si López Obrador sólo hubiera expresado lo anterior, podría convencer a propios y extraños de su sinceridad y propósito; pero si posteriormente, con el tono beligerante que lo ha caracterizado durante todo su período de gobierno, declara que la democracia que según los manifestantes está amenazada: “Es la democracia de ellos, la de los oligarcas, la de los ricos, la democracia de los corruptos” y llama alcahuetes a los intelectuales “que este domingo salieron a defender la democracia y no dijeron nada cuando se consumaron los fraudes de 1988, 2006 y 20012”; el mandatario en vez de sumar divide. No todos los miles de asistentes al acto son oligarcas corruptos ni intelectuales alcahuetes. Un poco de equilibrio en el juicio no vendría mal.

Si conceptualizamos ambas declaraciones presidenciales podemos concluir que tenemos una democracia “sui generis”: una democracia polarizada.

Del polo opositor no falta quien le eche leña al fuego de las declaraciones exageradas con un alto contenido de mala leche como el historiador, Enrique Krauze, quien a pregunta expresa de Natalia Vitela, del diario Reforma, contestó: “Yo le doy una importancia similar a la del 68 (a la movilización del domingo) hace más de 70 años (sic con ábaco que suma 56 años) llenamos las plazas de México, esta misma plaza (Zócalo capitalino) para defender la libertad (…) y la conquistamos, luego conquistamos la democracia, costó sangre, la conquistamos. No les vamos a permitir que nos la arrebaten”. Creo que el ingeniero Krauze, además de restar mal, hace una comparación desorbitada, si realmente, como afirma, él participó en los eventos del 68, debe de recordar que las marchas de aquella época se hacían al tiempo que había amenazantes tanques militares y soldados en las calles y bajo el asedio del H. Cuerpo de Granaderos. Cosa que no ha sucedido, ni mínimamente, en las tres marchas convocadas contra el gobierno actual.

Una amiga que asistió al Zócalo desde muy temprano, me hizo saber que la bandera nacional que todos los días a las 8 de la mañana es izada por soldados y arriada al anochecer, esta vez no fue enarbolada como si los mexicanos que iban a reunirse más tarde no lo fueran o como si alguien se hubiera arrogado la propiedad de los símbolos patrios. También se quejó de que durante partes del discurso de Lorenzo Córdova, las campanas de catedral sonaron fuertemente provocando que no se escuchara bien lo que el orador decía.

Esto de las campanas catedralicias lo sufrieron Andrés Manuel y sus huestes cuando eran oposición. ¿Se acuerdan? ¿Será una coincidencia de horarios en las que éstas tienen que sonar o es que la pragmática iglesia católica siempre está del lado del poder?