La semana pasada en el marco del evento de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra) se hicieron dos planteamientos que forman parte  del debate público en torno al desarrollo económico y político del país.

De un lado, el Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, dijo que el desarrollo económico del país representa una decepción porque “el milagro mexicano” nunca ha llegado; y por otro, el Presidente de la Canacintra, Rodrigo Alpizar Vallejo, acusó que hay quienes están abonando para generar mayor desconfianza en torno a las instituciones y el país.

“El déficit de confianza es tan o más peligroso que el déficit fiscal porque genera una percepción de miedo, y el miedo es la derrota de la razón”, dijo el líder de industriales quien ademas fustigó a quienes “buscan incendiar a la sociedad profundizando el déficit de confianza”.

Y en ese tenor del discurso de Alpizar, el Presidente Enrique Peña Nieto, expuso que no trabaja ni se dedica a colocarse “medallitas” ni a tener logros personales, en una clara alusión a la caída de su popularidad reflejada en algunas encuestas publicadas recientemente.

Es oportuno resaltar que la confianza en el país es distinta de la confianza en sus autoridades. Y ahí hay un punto de quiebre. Las multimillonarias inversiones en dólares que se han anunciado en distintos sectores tienen el horizonte de largo plazo y no en el corto, correspondiente a un sexenio en particular. Son inversiones que requieren maduración para lograr los retornos de inversión óptimos.

La actual administración gubernamental ha hecho gala de esa atracción de inversión y de los resultados positivos en la captación de turistas extranjeros, como muestra de que hay confianza… pero en el país. El “Mexican Moment” representó, en todo caso, un parámetro que reflejaba la confianza en el gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto por su tarea reformista en sectores que han demandando cambios de fondo para sentar nuevas bases de certidumbre y certeza jurídica para la inversión.

El déficit de confianza empezó a generarse por las imputaciones de corrupción y conflictos de interés en diversas esferas de gobierno que comenzó a exacerbarse cuando se develó el entretejido de intereses entre algunos gobernantes con la delincuencia organizada, a partir del caso Ayotzinapa.

La desconfianza se ha acrecentado, en especial, porque a pesar de todo, poco o nada pasa. Ese tufo de que las cosas siguen impunes y no suficientemente resueltas, en algunos casos.  

Sin duda, en la contienda política y el ajuste de cuentas de los grupos de interés –sobre todo afectados- siempre habrá abono para echar leña al fuego.

“Nos queda claro que la respuesta por parte de los intereses creados no se ha hecho esperar y que, sin duda hay fuerzas que están centradas en que el gobierno federal pierda poder para que se perciba dentro y fuera de México debilitado, cuestionado y, en el extremo de la perversidad, arrinconado”, dijo que el dirigente de Canacintra quien –por el contrario- afirmó que “hay certidumbre, conducción y rumbo”. 

Canacintra siempre ha sido vista como una de las alas cercanas al poder político; de la dirigencia han saltado a la esfera política, incluyendo a la famosa Yeidcol Polenvski.

Pero hay otra realidad. La de las estadísticas que originan otro tipo de lecturas que están relacionadas con la confianza, sobre todo de corto, mediano y largo plazos. Y a ello se refería Paul Krugman.

  

México no ha podido despuntar. Desde hace tres décadas sus crecimientos han sido bajos o negativos  con relación al aumento poblacional y la demanda que ésta genera en términos de necesidades varias y empleo. Por ende no se ha logrado desarrollo y en los últimos lustros una ampliación en la brecha social.

Lo recordó el propio Secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso, quien señaló que en los últimos 33 años la economía creció sólo 2.4 por ciento en promedio y que la tasa promedio de crecimiento de la productividad había sido negativa en -0.6 por ciento en los últimos 24 años.

Si bien hay factores estructurales en el desempeño económico del país, no debemos perder de perspectiva que el factor confianza siempre ha sido clave. 

La economía mexicana se ve afectada hoy por dos variables exógenas: la menor demanda de petróleo que redunda en un precio bajo que tardará en subir y un bajo dinamismo en las economías de países desarrollados. La apuesta está en que la economía de Estados Unidos mejore. Mientras tanto, la perspectiva es que –según el Banco de México- las exportaciones enfrentarán menor dinamismo. 

Y eso, junto con un consumo interno todavía bajo, incidirá en un menor crecimiento en la producción industrial y una inversión con recuperación moderada, que implican más riesgos para el crecimiento económico del 2015, sin contar el efecto marginal que tendrán los ajustes al Presupuesto de Egresos de la Federación.

La confianza se construye, pero no a base de seguir cultivando la polarización o la desestimación en que se ha caído en el país. Por ello, el discurso del Presidente de Canacintra más que abonar a la concordia y el entendimiento sólo abre espacios para la confrontación en un entorno económico en que las señales macro, y en especial las micro,  muestran debilidad.

PostScriptum.- El hecho de que haya quedado fuera alrededor de 91 por ciento de los aspirantes a ingresar a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es una señal de riesgo adicional que presionará al mercado laboral. Se trata de jóvenes que verán truncas sus expectativas inmediatas de avanzar en su profesionalización para obtener mejores posiciones. Es entendible que la capacidad física y material de la UNAM no da para más y sigue generando preocupación el hecho de que, en tiempos de alta especialización profesional, 60 por ciento de los 128 mil estudiantes que aspiraron a entrar al nivel superior en la UNAM  sigan optando por las carreras tradicionales.