Defender el nuevo aeropuerto sin fines electorales


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Enrique CamposLa Gran Depresión

¿Cuántas personas van a hacer caso a las propuestas de los candidatos y a su viabilidad para decidir su voto?

¿Cuántas personas van a hacer caso a las propuestas de los candidatos y a su viabilidad para decidir su voto?

La mayoría de los votantes atiende al concurso de popularidad y descalificaciones que caracterizan a las campañas y no muchos miden las consecuencias de aplicar todo lo que se dice en estos momentos en que lo que se busca son clientes electorales.

Hace muy bien el precandidato de la coalición Todos por México en defender la necesidad y la viabilidad del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM). Pero si lo que busca son votos, pierde su tiempo. Lo de hoy es revivir el compló como lo hace Andrés Manuel López Obrador al relatar supuestas reuniones secretas en Los Pinos para afectarlo. Vende más la esquizofrenia que la razón.

Que los estrategas políticos se encarguen de potenciar el mensaje de los aspirantes presidenciales, pero no hay que dejar de lado la advertencia que hacen en conjunto Meade y el aspirante al gobierno de la Ciudad de México del PRI, Mikel Arriola: cancelar el NAICM sería uno de los peores y más costosos errores en la historia reciente del país.

Aunque es un asunto real y hasta de seguridad nacional, no compra votos advertir el nivel de saturación que tiene la actual terminal de la capital del país, porque es una minoría la que usa el servicio aéreo comercial.

Al NAICM hay que defenderlo como lo que es: una obra fundamental para esta ciudad y para el país. Hay que insistir en ello sin que se confunda su defensa con un acto de campaña.

Lo que debe quedar claro es que están en peligro cientos de miles de empleos que hoy están de lleno en la construcción, más las plazas laborales que se van a crear cuando funcione esta terminal. Además de todos los que van a trabajar en crear algo nuevo donde hoy está el actual aeropuerto, miles de trabajos sin duda.

López Obrador cancelaría el NAICM por un capricho personal, no tiene razones válidas, sensatas, inteligentes. Lo que parece privar es una enorme mezquindad porque esta obra, que realmente va a quedar espectacular y de primer nivel, va a remitir al nombre de Enrique Peña Nieto.

Cancelar el NAICM es algo que hoy un presidente puede hacer desde una mala decisión ejecutiva.

Además, la alternativa propuesta por este personaje es técnicamente inviable. Pero, ¿quién se fija hoy en eso si lo dice alguien que convoca a que crean en él por un acto de fe?

No habría blindaje que alcanzara para proteger esta obra del capricho personal de quien alcance el poder y amenace sin razones lógicas. Incluso un caparazón legal para cuidar la obra se puede burlar dándole largas a la construcción y a su puesta en operación. En fin.

Y en caso de que gane la Presidencia alguien compatible con el proyecto del NAICM, lo que sigue es que quien triunfe en el Gobierno de la Ciudad de México permita el acceso al nuevo aeropuerto.

Sin las vialidades garantizadas y ampliadas tampoco tendría viabilidad el NAICM. Una terminal aérea sin vías de acceso se convierte en algo inútil y esa podría ser una forma indirecta de atentar en contra de este gran proyecto.