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El 2017 no ha terminado. Nos quedan dos meses llenos de incógnitas por despejar. Esto es suficiente para encender el sistema de alertas. Al año en curso le seguirá el 2018, que traerá un primer semestre cargado de nubarrones y, quizá, un segundo semestre lleno de tempestades. ¿Debemos prender veladoras?

Los datos del PIB del tercer trimestre nos recuerdan que hemos entrado en zona de turbulencias. La economía registró su primer decrecimiento en cuatro años, luego de un primer semestre que resultó sorprendentemente bueno. La estadística de julio a septiembre refleja el primer impacto de los sismos e inundaciones, pero en ella se notan también otras tendencias que debemos empezar a mirar con más atención: El comercio al menudeo se está desacelerando y hay dos sectores que siguen de capa caída, las industrias extractivas y la industria de la construcción.

El decrecimiento de 0.2% en el tercer trimestre no tendría mayor importancia si no fuera por lo que viene: un cuarto trimestre donde se definirán muchas cosas, entre ellas el futuro del Tratado de Libre Comercio; la recta final de las candidaturas presidenciales y la sucesión del Banco de México. No sabemos qué pasará con el tipo de cambio del peso frente al dólar y las tasas de interés. Hay confianza en la institucionalidad del Banxico, pero nadie sabe cómo actuará la Reserva Federal de Estados Unidos. Subirá las tasas, pero no podemos prever cuánto y cuándo.

La economía mexicana tendrá un impulso por la derrama económica que traerán las tareas de reconstrucción, pero este empujón de la actividad económica tendrá sus riesgos: la presión política de los afectados irá creciendo conforme pase el tiempo. El Gobierno deberá ejecutar con maestría los trabajos de reconstrucción y desarrollar una estrategia que le permita atender la negociación política para evitar que se abra un frente, de cara a las elecciones.

Al cuarto trimestre le seguirá un 2018 que está lleno de nubarrones. Tendremos una contienda presidencial muy competida y eso producirá incertidumbre, ¿cómo se comportará la inversión privada? es una de las incógnitas; ¿qué pasará con el consumo privado? es otra cuestión que genera dudas. La inversión del Gobierno está en sus menores niveles de medio siglo. Se nota en el desplome de la construcción pública. El presupuesto del 2018 garantiza que esto seguirá un año más. Lo bueno es que se mantendrá la disciplina fiscal, condición necesaria para mantener la nota de las agencias calificadoras. El precio a pagar por mantener la disciplina y la nota es que la economía dependerá en demasía de la inversión y el consumo privado…en un año de nerviosismo, en el que la cautela será obligatoria, por el escenario político y por el suspenso en la negociación del TLC.

¿Qué es más peligroso, la negociación del TLC o la contienda por la Presidencia? Plantear esta disyuntiva equivale a poner en la balanza el riesgo de ser mordido por un cocodrilo o ser atacado por un tiburón. El problema principal es que estos dos escenarios no son excluyentes. Existe la posibilidad de que los dos asuntos se compliquen: con Donald Trump nunca se sabe, pero lo mismo ocurre con nuestros políticos. Son muchos los que piensan que López Obrador tiene el monopolio del riesgo. La realidad es más complicada y menos esperanzadora: hay riesgos en todas las opciones políticas. Por eso el 2018 nos tendrá en vilo.

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