Davos 2018: ¿qué hace la delegación mexicana?

luis-miguel-gonzalez1

Luis Miguel GonzálezCaja Fuerte

[caption id="attachment_707888" align="aligncenter" width="760"] Foto de El Economista[/caption]

Foto de El Economista

1.- José Antonio González Anaya e Ildefonso Guajardo encabezan la delegación mexicana. La agenda del secretario de Hacienda está enfocada en reuniones a puerta cerrada. Su principal tarea es la explicación y defensa de las reformas estructurales. Lo acompañan los directores de Pemex y CFE, Carlos Treviño y Jaime Hernández. En un encuentro celebrado ayer, donde estuvieron empresarios representantes de grupos como BBVA y la constructora Entrecanales, González Anaya dedicó un rato a explicar en qué punto está la reforma energética. Su exposición enfatizó que hay una alta probabilidad de que ésta sobreviva el cambio de administración: se requeriría mayoría calificada en el Congreso Federal y de congresos estatales. En términos generales, le fue bien al secretario, pero dos inquietudes quedaron resueltas a medias ¿por qué México crece tan poco? ¿qué tan blindado está el rumbo económico de México de cara a las elecciones del 2018?

2.- Ildefonso Guajardo llegó a Davos procedente de Canadá. Es el funcionario mexicano más conectado en Davos  y, también, el que viene acompañado de un grupo que quizá tiene más posibilidades de sacar jugo al Foro Económico Mundial. El subsecretario Rogelio Garza participó en un panel en el que también estuvo el secretario de Comercio de Estados Unidos Wilbur Ross. Esta mesa se realizó en un hotel fuera del centro de convenciones, sede principal del WEF. Rogelio Garza estuvo bien y fue muy prudente. Se desempeñó en “modo avión”, para no meter ruido de cara a la sexta ronda de negociaciones del TLC.  Se trataba de un panel dedicado a industria 4.0 donde Wilbur Ross tuvo que tragar algunos sapos, cuando del público le preguntaron si pensaba que Estados Unidos podría usar el proteccionismo como antídoto contra la automatización. De cualquier modo, su respuesta fue astuta: Estados Unidos necesita reestructurar su economía. En ello será fundamental un cambio en el sistema educativo, subrayó.

3.- La fiesta mexicana, que organiza Proméxico en el hotel Meierhof, sigue siendo el punto de encuentro de los mexicanos en Davos. Paulo Carreño, director de Proméxico, viene con la consigna de hacer contactos que sirvan para diversificar mercados, pero no puede descuidar la atención de los empresarios mexicanos que cada año están en esta reunión en Suiza. En el WEF están José Antonio Fernández, de Femsa; Pedro Padilla de Grupo Salinas; Nicolás Mariscal de Grupo Marhnos; Eugenio Madero Pinson, de Grupo Rassini; Gilberto Marín de Grupo Mabesa, Víctor Esquivel de KPMG y Salvador de Alva, rector del Tec.

4.- El mensaje de Justin Trudeau sobre el éxito de la negociación del TPP provocó reacciones ambiguas en la delegación mexicana. No se olvidan que Trudeau estuvo a punto de echar por la borda el TPP en la reunión de Vietnam en 2017. Entonces, todo estaba listo para firmar y el premier canadiense se echó para atrás, dio instrucciones a su ministra Freeland de no firmar, en un intento de congraciarse con Trump. El recuerdo de ese episodio sigue fresco y por eso no gustó que Trudeau se presentara en Davos como el líder que hizo posible el TPP.  De cualquier modo, hay caras felices. Es una gran noticia porque sirve para mandar el mensaje a Estados Unidos que la apertura comercial mexicana continuará. Hay otro mundo fuera de la región norteamérica.

5.- Narendra Modi, primer ministro de India hizo la conferencia inaugural. India es el país emergente que más crece, aun por encima de China, pero no tiene la presencia internacional que merece. Quizá por eso Davos está repleto de publicidad de India. Un esfuerzo así debe costar decenas de millones de dólares, pero en esta reunión de líderes y millonarios es de mal gusto hablar de dinero. En la avenida principal de este pueblo alpino hay varios espectaculares alusivos a India: su industria, su liderazgo en tecnologías de la Información y su modernización. A 200 metros del centro de convenciones de Davos hay una foto del primer ministro del tamaño de la fachada de un hotel. Está en mangas de camisa, sonriendo, casi presidiendo un paisaje urbano cubierto de nieve.