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Por Rubén Cortés

Culpables fuimos todos. Los periodistas con artículos demoledores contra todos los gobernantes, por sentirse halagados en la aprobación del pueblo. Los millonarios que lo llenaron de dinero para que derribara al régimen. Todos contribuimos a crearlo.

El autor del párrafo anterior se mató de un tiro en la cabeza. Era propietario de una revista, pero el populismo se la expropió para convertirla en “un medio democratizado del pueblo”, y a él lo mandó al exilio. Antes de suicidarse, escribió una carta-testamento.

Se llamaba Miguel Ángel Quevedo, dueño de Bohemia, la más importante y antigua de las revistas cubanas, fundada en 1908. Desde entonces, hasta su expropiación, jugó un papel esencial en la diversidad de pensamiento y la vida política y social de Cuba.

Dice su carta-testamento:

Querrán presentarme como ‘el único culpable’ de la desgracia de Cuba. Y no niego mis errores ni mi culpabilidad; lo que sí niego es que fuera ‘el único culpable’. Culpables fuimos todos. Los periodistas que llenaban mi mesa de artículos demoledores contra todos los gobernantes, por sentirse halagados en la aprobación del pueblo.

No importa quién fuera el presidente. Ni las cosas buenas que estuviese realizando a favor de Cuba. Había que atacarlos, y destruirlos. El mismo pueblo que los elegía, pedía sus cabezas en la plaza pública. El pueblo también fue culpable. El pueblo que compraba Bohemia, porque era vocero de ese pueblo.

Fidel no es más que el resultado del estallido de la demagogia y de la insensatez. Todos contribuimos a crearlo. Y todos, por resentidos, por demagogos, por estúpidos o por malvados, somos culpables de que llegara al poder.

Fue culpable el Congreso que aprobó la Ley de Amnistía para Fidel. Los comentaristas de radio y televisión que lo colmaron de elogios. Bohemia no era más que un eco de la calle. Fueron culpables los millonarios que llenaron de dinero a Fidel para que derribara al régimen”.

Desde la prisión, donde cumplía condena por haber asaltado un cuartel, Fidel Castro escribía en la revista de Miguel Ángel Quevedo con absoluta libertad de expresión, artículos contra el gobierno que lo tenía preso.

Al triunfo de la revolución castrista, el primer editorial de Bohemia fue de festiva fascinación con la llegada del nuevo régimen:

“Uno de los grandes infundios ha sido llamar comunista al movimiento revolucionario. Pero nada semejante ocurrirá en nuestra patria. Esta revolución que avanza inconteniblemente es democrática en intención y entrañas. Nada tiene que ver con los enemigos de la libertad y con el comunismo”.

Menos de un año después la “revolución democrática” expropió Bohemia y, dos años más tarde, se declaró oficialmente comunista. Miguel Ángel Quevedo fue mandado al exilio en Miami, donde se suicidó y dejó escrito:

“Culpables fuimos todos”.