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El día que Donald Trump quiera asesoría de cómo llevar a cabo una campaña electoral persistente, que no dude en consultar al virtual presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador.

Pero si de lo que se trata es de negociar con el presidente de Estados Unidos, ahí sí deben andarse con pies de plomo los que en unos meses llegarán al poder de nuestro país.

El que despacha en la Casa Blanca es un vendedor nato y un muy agresivo negociador con el que hay que tener mucho cuidado.

Sería un ejercicio de mucha inteligencia y humildad tanto de parte de Héctor Vasconcelos como de Marcelo Ebrard, señalados por el candidato ganador como los responsables de las relaciones exteriores, así como de Graciela Márquez, a quien apuntan como próxima secretaria de Economía, que preguntaran a los que hoy negocian con Estados Unidos y Canadá para que sepan a quién tienen enfrente.

Los que tuvieron el abrumador voto mayoritario de los electores fueron ellos, pero los que tienen la experiencia y el pulso de la manera como se puede tratar con el gobierno de Donald Trump son los que se van.

Antes de que el encantador de serpientes de Washington los envuelva, les vendría muy bien una buena platicada con Ildefonso Guajardo, quien no sólo encabeza la renegociación actual del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), sino que formó parte del equipo original que dio vida al acuerdo en los 90.

También deberían pedirle una cita al canciller Luis Videgaray, quien tiene derecho de picaporte en la Casa Blanca. Ambos saben de comercio y conocen las entretelas de Washington.

No vaya a ser que en esa ambición de trascender y rápido por parte de los que llegan, vayan a caer en la trampa de los que allá también sólo buscan quedar bien con sus electores.

En los planes de trascendencia histórica imaginan un acuerdo amplio bilateral que incluya mejoras laborales, migratorias y de seguridad para los mexicanos.

Cuando el presidente estadounidense dio cuenta de la llamada que sostuvo con López Obrador, dijo algo que hay que registrar con mucho cuidado. Más allá de los halagos y su adulación de que él sabía que López Obrador sería presidente, dijo que espera iniciar una negociación bilateral con México.

Sí, el plan de siempre del presidente de Estados Unidos es tener acuerdos separados con México y con Canadá, porque tiene claro que en un trío no pasan sus intentos de abuso, puede encontrar en los oídos inexpertos del nuevo gobierno tierra fértil para sus propósitos.

Esa necesidad de trascender en la historia es peligrosa ante el colmillo largo y retorcido de un negociador al que le estorba toda diplomacia, moral o sentido común cuando se trata de conseguir sus objetivos.

El que crea en casualidades está en su derecho, pero ahí quedó la declaración de Donald Trump, el mismo domingo de las elecciones mexicanas, de que quiere llevar la renegociación del TLCAN para noviembre, después de las elecciones intermedias en su país. Esto implicaría retomar las pláticas sólo con los nuevos funcionarios mexicanos.

Los que actualmente renegocian el TLCAN tienen claro que no tienen cabida en el nuevo gobierno. Porque los que llegan no los van a dejar y porque los que están no se quieren quedar.

No hay duda de que uno de los grandes retos del próximo gobierno mexicano será lograr estabilidad en la relación con Estados Unidos. Pero eso necesita de una gran inteligencia y serenidad al momento de relacionarse con el gobierno de Donald Trump.